N o sabemos si es guerra civil o insurrección. Si el enfrentamiento entre las tropas gubernamentales y el Ejército Sirio Libre compuesto por desertores es una lucha global o escaramuzas. El número de víctimas aumenta día a día desde que la población civil siria se levantó contra el Gobierno, y el Ejército que lo defiende, para mantener el ilegítimo status quo surgido tras la revolución de 1970. Los intentos de la Liga Árabe por erigirse en el árbitro, una vez más, han chocado con su histórica inoperancia. Rusia ha rechazado todos los intentos de sanción contra el Gobierno de Damasco. Por contra, Moscú ha ofrecido a Bashar al Asad y al Consejo Nacional Sirio, integrado por la oposición en el exilio, reunirse en territorio ruso para una solución sin «injerencia» extranjera, ofrecimiento aceptado por Damasco que estudia el CNS, que sospecha, no sin razón, de intereses «espurios». Creer que la lucha entre partidarios y detractores del régimen dictatorial del partido Baaz, la minoría alawita y el Ejército sirio es la única ahora mismo, es erróneo. En Siria, al igual que en Irak, se está produciendo una revisión de la ancestral pelea de otomanos y persas, entre suníes y chiíes. De momento, los únicos que pierden son los sirios.