El PSOE, condenado a un cierre en falso

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

E l problema no es de hoy ni de ayer. Que el PSOE esté condenado a elegir entre un largo salto hacia el pasado o la pompa y la nada es la consecuencia de llevar 15 años dando palos de ciego. Para entender el problema, hay que recordar que Felipe González, que ahora da lecciones a Zapatero sobre cómo debería haber abordado su sucesión, fue quien metió al partido en una crisis de la que todavía no se ha recuperado. Zapatero midió mal los tiempos, pero González ni siquiera se molestó en coger el cronómetro. Prefirió hacerlo a la brava. Después de 22 años como secretario general, en 1997 dimitió en pleno congreso socialista y sin anunciárselo a nadie. Además de demostrar así un absoluto desprecio a sus compañeros de partido, los forzó a elegir al sucesor en dos días, sin posibilidad de que los candidatos articularan un proyecto político o forjaran alianzas. Desde aquel fin de semana, todo ha sido en realidad caos y falsa apariencia de unidad en el partido, por más que haya gobernado el país durante ocho años.

Primero, Almunia instauró las primarias para elegir al candidato a la presidencia del Gobierno, sin percatarse que cavaba así su propia fosa. En cuanto se dejó hablar a la militancia, apostó por otro. Borrell, con cuatro amigos, le ganó unas primarias en las que hasta en Andalucía votaban a un catalán con tal de dejar claro su descontento con la oficialidad. Luego, el aparato tuvo que montar una operación mediática para descabalgar a Borrell. Resultado en el 2000: la mayor derrota de la historia socialista, hasta que llegó Rubalcaba y la superó el pasado 20 de noviembre.

Pero, lejos de aprender la lección, tras aquel fracaso, el viejo aparato socialista pretendió repetir la jugada. En el XXXV congreso de junio del 2000, todo estaba preparado para que Bono heredara a Almunia. Pero las bases, caprichosas ellas, prefirieron encumbrar a un desconocido como Zapatero con tal de no caer de nuevo en manos de los mismos de siempre. Por sorpresa, el PSOE recuperó el Gobierno solo cuatro años después, tras el atentado del 11-M. Pero ese triunfo solo sirvió para tapar la renuncia a la articulación de un nuevo proyecto político, de un nuevo discurso, en un partido que se ha pasado doce años viviendo en el vacío ideológico, sumido en la improvisación permanente, en el eslogan, y a golpe de frases ocurrentes de un Zapatero al que nadie se atrevió a decir que estaba dejando desnudo al partido. La mejor prueba de la levedad del discurso del PSOE en estos años es que Zapatero fue capaz de cambiarlo radicalmente en un fin de semana, en cuanto apretaron los mercados.

Que el próximo sábado gane Rubalcaba o gane Chacón es irrelevante. Ninguno de los dos representa una renovación, que es lo que el PSOE necesita. El discurso de Rubalcaba es viejo y el de Chacón simplemente no existe. Sea cual sea el resultado, el congreso se cerrará en falso.