En la oscuridad

OPINIÓN

28 ene 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Los días crecen perezosos deteniendo un poco más la luz de las tardes. Las tinieblas, las malas noticias que no menguan, el paro que cuenta sus incrementos trimestrales en doscientos cincuenta mil nuevos desempleados, en un horizonte que tiende a sumar seis millones a finales de este año. El debate infinito de anteponer la factura del déficit versus la apuesta por el crecimiento económico incrementando inversión pública y promoviendo el consumo, nos ennegrecen la mirada y nos suman en la oscuridad acercándonos a las temibles tinieblas exteriores.

La paralización ralentizada del discurso del poder sigue defendiendo los galgos frente a los podencos mientras el carro de la maltrecha economía se embala cuesta abajo.

Se denuncia el gasto «excesivo de montajes escénicos en los teatros de la ópera dependientes de entes públicos y se acusa de elitistas a quienes asisten a estos espectáculos, sin argumentar que en Alemania y Austria la ópera es popular e interclasista, y que bien gestionados los teatros son viables y dependen, lo que siempre resulta deseable, como el Real, del patrocinio privado.

El Teatre Lliure barcelonés suspendió dos de los montajes previstos para esta temporada, en la que los teatros cuelgan con frecuencia el «no hay localidades», como está sucediendo con la corta temporada de un nuevo Luces de bohemia para el que resulta imposible hacerse con una entrada desde el día del estreno.

Se cuestiona el mantenimiento de orquestas sinfónicas con el fácil argumento de que ya hay muchas. La formación musical y el aprendizaje masivo de la música en pueblos y ciudades, el auge de los conservatorios y las bandas es una de las mejores noticias de estos últimos treinta años, organizando la parte más noble del cerebro de nuestros jóvenes. Y desde aquí decimos alto y claro que las orquestas sinfónicas no son prescindibles.

Como no es evitable suprimir el patrocinio de las cajas de ahorro a los premios literarios ya consolidados, y a los certámenes y festivales que hicieron estos años de nuestro país una nación moderna y culta.

La oscuridad opaca el mundo del teatro, desorienta a los cómicos y deja que las banderas negras del pirateo que ampara la Red, ondeen a sus anchas por pentagramas y metraje cinematográfico.

Todo es urgente en una lectura de urgencias. Prioritario resulta evitar el desempleo y no fomentarlo mientras la cultura inicia una vez mas, desde la oscuridad de un cielo sin estrellas, un viaje, un enésimo periplo, a ninguna parte.