El mar no entiende de bromas. El mar no pregunta. No avisa. Cada poco, el mar nos recuerda que con las olas no se juega. El mar da muchas lecciones. Es como un viejo profesor de escuela. Al mar hay que atenderlo, hasta el último murmullo. Algunas veces, alguien piensa que ya lo sabe todo, sobre el mar. Y entonces, el mar se vuelve voraz. Lo sabemos en Galicia, con una historia construida a base de tragedias marinas, de golpes de mar, de olas insaciables. Escojan un año, y dentro de él, un mar desatado. Hay gente que no aprende, o que no quiere aprender. Con estos, el mar se ensaña. Hoy, en este periódico, podrían estar leyendo el siguiente titular: «Un joven muere en una playa de A Coruña arrastrado por una ola». Detalles de su estancia en la ciudad. Su Erasmus. Una vida truncada demasiado pronto... La falta de respeto al mar... Y ya. Pero la historia de Galicia también está construida con héroes. Tres policías nacionales se lanzan al agua en su auxilio. Hay una vida en peligro, y se juegan la propia. Así de sencillo. Hacen más que su trabajo, como siempre. Pensando y sin pensar. Héroes de sol a sol. Profesionales hasta la extenuación. Generosos. El resto, ya lo saben. El mar. Que no se olvide. Ayer, un grupo de jóvenes no se lo tomó en serio. Sucedió en Galicia. Una imprudencia fatal, tres héroes de servicio, y un mar de lágrimas.