E sta noche, otra vez, el clásico. Y qué es de lo más clásico del clásico: Xavi. El otro día cumplió 400 partidos con el Barça. Y lo hizo con un tanto. Xavi abruma por su fútbol. Y por su sentido común. Es la clave de ese reloj donde el que marca los goles es, muchas veces, Messi. Si Mou quiere cortar la telaraña de pases, tiene que borrar a Xavi. Su currículo es espectacular. Dejó atrás a Migueli en partidos, 400 frente a 391. Tiene el récord de títulos con el club: 19. Y ha sido en tres ocasiones Balón de Bronce. Pero no es un jugador de ese metal. Es de oro. Tiene tanta clase que debía dedicarse ya a impartir lecciones. Campeón de Europa y del Mundo con la selección. Xavi hace grande a todos los chiquitos que le rodean. Sus movimientos son ajedrez puro. Convierte con un toque a un peón en alfil, a un extremo en un gol. Casi nunca pierde la posición. Es infatigable. A menudo está entre los que hicieron más kilómetros en el partido. ¿Cuál es el secreto de este hombre para ser tan bueno y tan cabal? Y la respuesta es que, aparte del balón, lo que más le gusta a Xavi es buscar setas. Nadie que ama las setas y la reflexión de un paseo por el bosque puede ser cegado por la fama. Sus ojos, que saben elegir setas, son, sin duda, una lupa prodigiosa, un filtro perfecto, para los pases y los goles.