Figura clave


Le cabía el Estado en la cabeza y llevaba a Galicia en lo más profundo de su corazón. Ministro de Franco, aperturista a la vez que represor dentro del régimen, autor de frases tan célebres y terribles como «la calle es mía», figura clave de la transición, padre de la Constitución, creador de la neofranquista Alianza Popular que supo refundar como el PP, un partido de Gobierno homologable con el centroderecha europeo, presidente de la Xunta, senador en el ocaso de su vida, sin Manuel Fraga no se puede entender ni escribir la historia de España y de Galicia de los últimos sesenta años. Para bien y para mal, con importantes aciertos y contribuciones, pero también con grandes equivocaciones y desmesuras, luces y sombras, porque Fraga no era un político de grises, sino de blancos y negros. Contundente, torrencial, enérgico, autoritario, un ciclón al que el paso del tiempo no logró amainar, ni mucho menos. Pero también inteligente, culto, incansable, a veces políticamente incorrecto, y flexible cuando la ocasión lo requería. El abrazo que se dio con el comunista Santiago Carrillo, al que presentó en el Club Siglo XXI, simbolizó la reconciliación de las dos Españas y demostró que la democracia había dejado de ser una quimera en este país. El eterno número uno en todo no logró sin embargo ver colmada su mayor aspiración, ser presidente del Gobierno de España, aunque fue el artífice que puso las bases para que lo fueran Aznar y Rajoy. De Fraga Iribarne a Don Manuel, de miembro destacado de la dictadura franquista a senador de una democracia consolidada. Murió con las botas de la política puestas. Y no tengo nada más que decir.

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