Para leer con ropa de abrigo

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

C uando alguien escribe sin rodeos, sin contemplaciones, se dice que lo hace con la punta de un cuchillo o con un picador de hielo. David Vann es autor de dos libros que sacuden. Y en su caso parece que utiliza la punta de un iceberg traído de la última frontera: Alaska. Sobre Alaska y las personas emplea esa prosa tremenda. En su debú, Sukkwan Island, usa la literatura como terapia. Cuando niño su padre se suicidó en Alaska después de que David se negara a pasar allá un año con él. La crítica dice que este libro recuerda a La carretera de Cormac McCarthy. No alcanza la perfección absoluta de Cormac, pero, en la relación entre padre e hijo, hay algo de la prosa del otro norteamericano. Lo que hace David es fabular que no dijo no, y contar cómo podría haber sido si hubiese ido con su padre aquel año a Alaska. Hay un giro brutal. Ahora ha publicado Caribou Island. Ambientado en los fríos bestiales de Alaska, Vann habla de cómo hiela en los corazones de las personas. Escribe sobre un matrimonio con treinta años encima. Sobre cómo los padres marcan a los hijos casi sin darse cuenta. Y otra vez lo hace con la punta de un iceberg y asomando entre las enormes grietas de las vidas las contradicciones más insondables. Para leer con ropa de abrigo, pero no se lo pierdan.