Un anuncio emitido por televisión hace unas semanas ha llamado la atención de personas observadoras. Era de la ONCE y promocionaba un juego en el que se rascan unos boletos. En el anuncio aparecía una familia sentada en torno a una mesa en una comida navideña. La señora de la casa, de pie, sostenía con la mano izquierda una botella de anís y esgrimía con la derecha una cucharilla, al tiempo que explicaba que es «rascadora de villancicos, y a mucha honra». Los publicitarios tuvieron la deferencia de servir el anuncio con subtítulos, que empezaban así: «Soy Abelina Muñoz, rascadora profesional de villancicos...».
La b de doña Abelina descoloca incluso a espectadores instalados en un buen sofá.
La elección en español de b o v para representar el fonema /b/ responde casi siempre a criterios etimológicos. Si son palabras de origen latino, suelen conservar la b o la v de sus étimos en aquella lengua. Existen, sin embargo, voces con b y v antietimológicas.
Hay quien ve el origen del antropónimo Avelino en avellana. Este sustantivo está en la cima de una familia léxica a la que pertenecen avellanar, 'sitio poblado de avellanos', y su sinónimo avellaneda, también apellido, que ya llevó Alonso Fernández de Avellaneda, seudónimo del autor del Quijote apócrifo. Avellana procede del latín abellana nux, 'nuez de Abella (hoy Avella)', ciudad de la Campania donde abundaban los avellanos.
Pero es más probable que el étimo de Avelino sea Avellino. Este procede de Abellinum, una antigua colonia romana de la Italia meridional sobre cuyas ruinas se levanta el actual Avellino. De ahí que el sacerdote llamado en italiano Sant' Andrea Avellino sea conocido en español como san Andrés Avelino.
Los antecedentes de Abelinos con b son escasos y en tiempos recientes han sido solo fruto de errores. Es el caso de un anuncio en un periódico catalán que publicitó El Congreso, una tienda de vinos y aguardientes especializada en pajaritos fritos y propiedad, decía, de Abelino Segura Pacheco. Este no rascaba villancicos.