Nuevas denominaciones

OPINIÓN

T omen nota. Y apréndanselo bien, que no vamos a estar repitiéndolo todos los días. A partir de ahora, a la recesión económica le llamaremos desaceleración. A la dramática crisis, desajuste económico. A los recortes brutales, reformas. Al pillaje, la corrupción y el tráfico de influencias, conducta poco ejemplar. Al incremento del paro, crecimiento negativo del desempleo. A freírnos a impuestos, retoques impositivos. A los chantajes empresariales, propuestas. A apoquinar decenas de miles de millones de euros para el enriquecimiento personal de unos pocos le llamamos reforma financiera. A obligar a los pacientes a pagar las duchas en los hospitales, ajuste del gasto. Y al despilfarro en aeropuertos inútiles, jardines innecesarios y monumentos faraónicos, les llamamos infraestructuras de equipamiento.

Hemos entrado en una nueva época de denominaciones de lo absurdo. Nos están llevando hacia el disparate y la necedad con tal de no llamar a las cosas por su nombre. Para que no nos escandalicemos y creamos que ellos no hacen lo que otros hicieron.

Hubo un tiempo en el que creían que no reconociendo la crisis económica, o no llamándola por su nombre, nos salvaríamos de padecerla. Y así acabó la cosa. Con el promotor de la idea dedicado a hacer punto de cruz. Así que no vaya a ser que estos cometan el mismo error. Y les demos igual destino.