Acaban de hacerse públicos los resultados de la Evaluación General de Diagnóstico (EGD), llevada a cabo en toda España, el pasado 2009, según lo establecido en la LOE. Se aplicaron pruebas a alumnos de 4.º curso de educación primaria y 2.º de la ESO, aunque solo se han publicado datos sobre el primero de ellos. Se pretendía evaluar el grado de consecución de las competencias básicas en los ámbitos lingüístico, matemático, científico y social, con una metodología similar a la del conocido Informe PISA, de la OCDE. Es la primera valoración interna, de ámbito nacional, de una parte esencial de nuestro sistema educativo. Las principales conclusiones de esta evaluación no son nuevas. Sabíamos que en un mismo centro docente hay grandes diferencias de nivel entre los alumnos o que es necesario mejorar la competencia lingüística. Quedó claro, por enésima vez, que el ambiente sociocultural de la familia y sus expectativas respecto a los estudios, son esenciales en el éxito escolar. Titulación y profesión de los padres y recursos existentes en el hogar, especialmente número de libros, explicaron la mayor parte de la diferencia de resultados entre alumnos. Galicia ha quedado por encima de la media en competencia científica y social y por debajo en lingüística y matemática, aunque en esta última está prácticamente en dicho promedio. Es preocupante el resultado obtenido en el ámbito de las lenguas, pues estamos en el antepenúltimo lugar, si exceptuamos a Ceuta y Melilla. Llama la atención que ninguna comunidad autónoma con lengua propia haya obtenido buenos resultados en esta competencia, situándose en los ocho primeros puestos regiones en las que solamente se habla el castellano. Esto contradice la opinión de los expertos, que destacan la importancia del bilingüismo en la capacidad comunicativa. Además, en Galicia se imparten más horas de lenguaje que en comunidades sin lengua propia. De ahí que la Xunta tenga un importante problema que resolver de cara a su nuevo plan de potenciación del plurilingüismo. La solución ha de estar en una metodología basada en el currículo integrado de las lenguas, que evite su estudio aislado, como hasta ahora es habitual y que posibilite también su integración con materias no lingüísticas. Se trata de mejorar la competencia comunicativa, en la que tan lejos nos quedan aún la mayoría de los países vecinos. En el primer ciclo de primaria no se conseguirá una buena base mientras el alumno no domine completamente la lectura. Es un error, luego muy difícil de subsanar, preocuparse por enseñar en estos cursos varias materias con la rigidez de horarios y libros de texto o de ejercicios si el niño no entiende lo que lee. No es culpa del maestro, que se ve obligado a actuar así por las exigencias del sistema. El pacto educativo, cuando se consiga, tiene que empezar por ahí.