Los abuelos educadores

Celso Currás
Celso Currás NUESTRA ESCUELA

OPINIÓN

PILAR CANICOBA

17 jul 2009 . Actualizado a las 11:50 h.

Llegan las vacaciones escolares, que son largas, y el cuidado de los niños es un problema mientras sus padres no pueden disfrutarlas con ellos. Cada día es más difícil compaginar vida laboral y familiar y hay que buscar soluciones para atenderlos. Una de las más frecuentes es echar mano de los abuelos. Esas personas entrañables y generosas, que se han convertido en los todoterreno de la familia. Lo mismo valen para cuidar de sus nietos que para ayudar en las tareas de la casa y su empeño es mantener vivo el calor del hogar y la unión y tradición familiares. Cada día el papel de los abuelos se está haciendo más difícil, pero también más importante, sobre todo, desde el punto de vista educativo. No puede haber duda de que los padres han de ser los primeros y principales responsables de la educación de sus hijos y de que esta es indelegable. Sin embargo, los profundos cambios experimentados por la familia en las últimas décadas, han venido alterando los roles educativos en el hogar, donde otras personas, a veces no muy fiables, acaban asumiendo, inevitablemente, un gran protagonismo educativo. Familias afortunadas son aquellas que pueden contar con los abuelos. Tradicionalmente, estos disfrutaban de sus nietos y los sobreprotegían, pero sin responsabilidades en su educación. Hoy los papeles cambiaron; abuelos y nietos ya no van de visita. Se necesitan mutuamente. Es una relación enriquecedora para ambas partes. Su visión serena de la vida y su experiencia hacen del abuelo una persona muy benefactora para el nieto. Lo acompaña, lo escucha, le ayuda en los deberes, juega con él y es generoso en el tiempo y en la entrega. Todo ello en un marco de profundo cariño, comprensión y tranquilidad, que tanto necesitan hoy muchos niños. Los abuelos acaban siendo los confidentes, los amigos diferentes a los que los nietos quieren como solamente ellos saben querer: sin condiciones. El niño aprende a dialogar, a escuchar y ser escuchado, a mantener viva su autoestima y otros valores y actitudes cada día más ausentes en la familia y decisivos para su madurez y salud mental. Los abuelos salen asimismo beneficiados de esta estrecha relación. También ellos llevan un niño dentro y, a través de sus nietos, lo redescubren y sacan al exterior sin ruborizarse. ¿Hay escena más hermosa que un abuelo a cuatro patas con su nieto encima? Los psicólogos afirman incluso que esta buena relación hará que los niños estén más unidos a sus padres pues, gracias a los abuelos, se enteran de cómo eran estos, de lo que hacían de pequeños; es decir, de que igualmente fueron niños. Ahora bien, los abuelos también sufren y de la peor manera: en silencio y con humildad. Sufren cuando se les utiliza, cuando se les considera ayudantes, cuando se abusa de ellos, cuando se les separa de sus nietos. En una palabra, cuando no reciben cariño, respeto y confianza. Estamos en la época de los monumentos, pero sigue faltando el dedicado a los abuelos, aunque seguro que ellos prefieren una familia unida y unos nietos felices a cualquier tipo de homenaje.