Acaban de publicarse dos interesantes noticias sobre la lectura. La primera se refiere a los datos divulgados por la Federación de Gremios de Editores de España: el número de lectores habituales en Galicia ha aumentado, mientras que en el conjunto de España ha disminuido. La segunda es que comienza a popularizarse el libro electrónico, el cual, además de su tamaño similar al de un libro ordinario, podría llegar a ser habitual en la pantalla del teléfono móvil. Sea en su versión clásica o electrónica, lo importante es habituarse a leer y hacerlo de una forma selectiva y organizada. Es fundamental para tener éxito en el estudio, para saber más, para contrarrestar la multiplicidad de informaciones que cada día se reciben y siempre como placer. La buena lectura hace a las personas más equilibradas, más rigurosas y más libres. Para que el acto lector sea eficaz se requiere un esfuerzo que va desde la velocidad o la concentración hasta la comprensión y relación de conceptos; y para que se convierta en hábito es necesaria su práctica constante. Aquí es donde a la lectura le surgen sus principales enemigos. La televisión, las videoconsolas u otros aparatos audiovisuales resultan, en principio, más atractivos, cómodos y satisfactorios. A estos medios se dedica la mayor parte del tiempo libre, con lo cual coger un libro acaba siendo esporádico e incómodo y más producto de un esnobismo que de una auténtica necesidad. Internet tampoco ayuda a potenciar la lectura porque se está convirtiendo en un fin, no en un medio. El tiempo y el número de veces que se accede a esta red, supersaturada y compleja, es cada día mayor, pero, si no hay una buena formación para seleccionar contenidos, la atención se acaba dispersando y no se obtiene provecho de la información. En el nuevo libro electrónico, que tiene una pantalla cómoda, se pueden descargar obras literarias completas. Podría llegar a ser este un atractivo y económico sistema para el fomento de la lectura, aunque parece poco probable que llegue a desplazar al clásico libro en formato de papel. Por otra parte, no podemos afirmar que siempre es positivo leer, sea lo que sea. Se aspira a una mejora cultural y esta no se consigue con la lectura desorganizada. Hay obras imprescindibles para una buena formación de la persona. Es fundamental aprender a leer y esto ha de ser, desde luego, previo a la televisión o a Internet, pues si no es así estos medios pueden manipular y deformar. Esta es la gran responsabilidad, primero de la familia y después de la escuela y por ello la noticia de que ha aumentado el número de lectores habituales debe ser tomada con cautela y enmarcada en el contexto del qué se lee y en qué medios.