Cinismo de interés turístico

| ASSUMPTA ROURA |

OPINIÓN

EL SEÑOR Javier Mato es el portavoz de la empresa naviera Iscomar, propietaria del Don Pedro , el barco hundido en Ibiza. Según leí en la prensa, este portavoz declaró que «sin el precedente del Prestige , lo sucedido en la isla no habría tenido tanta repercusión». A no ser que yo no sepa leer, el portavoz Mato intenta decirnos que la culpa del mal la tiene el Prestige o, mejor dicho, la repercusión mediática que tuvo el Prestige . Al señor portavoz debieron enseñarle desde la cuna a la cima de su cargo lo de «ojos que no ven, corazón que no siente», razonamiento que aplasta como una apisonadora cualquier razón ética para que pase brincando con salero el cinismo en estado puro. Siguiendo su razonamiento, ¡qué bien viviríamos si nadie nos contara que en el mundo hay guerras, catástrofes, hambre o corrupción, sólo por citar algunos casos de un largo catálogo de horrores que, con mayor o menor indiferencia o compromiso, contemplamos plácidamente sentados ante el televisor, en el caso de que el horror no nos haya elegido protagonistas de sus caprichos! Ni que decir tiene que mucho mejor que nosotros, espectadores atónitos o necesitados de morbo, vivirían las empresas a costa de nuestra ignorancia y ceguera empleándose a fondo para obtener el máximo beneficio al mínimo coste, contaminando por aquí y por allá sin leyes que impusieran límites ni nadie que los denunciara. De la lógica del señor Mato a raíz de sus declaraciones deducimos que de la existencia del mal no hay más responsable que nuestra mirada que lo contempla y nuestro juicio empeñado en juzgarlo como tal. Bastaría con no ver ni pensar para que todo conflicto dejara de serlo. De su misma lógica deducimos también que, nosotros, ciudadanos informados pasivos, vivimos bajo el síndrome del Prestige y por ello magnificamos los hechos de manera incontrolada e irrespetuosa con los intereses de la empresa que representa. Sumémosle los intereses turísticos de los empresarios de la isla a nuestra irresponsabilidad y comprobaremos el daño causado por nuestra denuncia innecesaria a quienes -navieras, hoteleros, empresarios del fashion , constructores-, se desviven unos meses al año por contribuir a que el Mediterráneo sea el mar más contaminado. Puestos a matar la cultura empecemos por dinamitar el lugar donde nació. De raíz y de un solo tajo.