¿Autopista?

| ALFREDO VARA |

OPINIÓN

SEÑALIZACIÓN horizontal casi invisible en algunos tramos, señales verticales semiocultas por la vegetación desbordada, que se cuela entre los quitamiedos y culebrea por el asfalto hasta el punto de que entraría en la calzada si el intenso tráfico que soporta no fuese una podadora eficaz. La situación de la principal autopista gallega de pago, en pleno verano, sigue poniendo a prueba la paciencia de los sufridos usuarios, que tienen que pasar inexorablemente por las cabinas de peaje sin que el bajo nivel de la prestación que reciben se aproxime al de las tarifas que les cobran. Menos mal que se ha ido desbrozando parte de la selva que había crecido en kilómetros de taludes y que se ha renovado el pavimento en alguna zona próxima a Santiago que parecía ya más propia de una carretera comarcal, aunque el estado de los arcenes siga inspirando en los conductores un hondo temor a que una avería les obligue a detenerse y usarlos. La sensación de agravio es aun mayor si se compara con el estado de las autovías gratuitas, cuyo mantenimiento corre a cargo del Estado. Y sube el cabreo por la dejadez y falta de exigencia de la Administración al adjudicatario de un servicio público de tamaña importancia.