Rajoy despierta, menos mal

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

SI MARIANO Rajoy hubiera anunciado su revolución fiscal hace un mes ante el mismo grupo de empresarios, habría sido una pequeña noticia. De hecho, siempre que Rajoy se reúne con hombres de empresa, les vende la rebaja de los impuestos más importantes y la desaparición de aquellos que piden, para entendernos, los ricos. Como hizo el anuncio este martes -después del debate sobre el estado de la nación, el cambio de ministros y la repesca de Bono- parece una respuesta a las operaciones de imagen de Zapatero. Tiene, por tanto, el carácter de contraofensiva electoral y un valor añadido: Rajoy no está tan decaído como dicen los rumores. Y, si lo estuvo, se empieza a recuperar. Lo más valioso del anuncio del líder del PP no es, sin embargo, que rebaje o no rebaje impuestos, sino cómo lo dijo: antepone la economía al debate sobre política antiterrorista. ¡Coño -con perdón-, señor Rajoy, ya era hora! Lo que no era normal era lo que hemos criticado aquí: que, tras un dibujo tan negro del país, la única exigencia a Zapatero fuera la famosa disyuntiva del «o entrega las actas, o coge el camino de La Zarzuela». Lo que no era normal es que la resolución más importante que propuso su partido después del debate fuese anular el acuerdo del Congreso sobre el diálogo y las dichosas actas. Y siguió sin ser normal que sus declaraciones en la sede del partido insistieran días después en lo mismo, como si ese atril no inspirara otro discurso ni detectara otra necesidad en el país. Ante la política terrorista hay que ser exigente, sin duda. Algún día habrá que reconocer que el Partido Popular ha frenado más de una concesión. Pero no puede ser el único afán de un gran partido, como antes lo fue la obsesión por el 11-M, por mucho que lo coreen algunas voces que en modo alguno representan al conjunto del país. Las obsesiones sólo conducen al hastío del público y al desgaste del líder. Si Rajoy ha decidido abrir el abanico de ofertas y métodos de control del Gobierno, le damos la bienvenida a la realidad. La realidad es la mejor fábrica de votos. Es cierto que unos puntos en el IRPF no inspiran artículos tan vibrantes y encendidos como una buena demagogia sobre el rearme de ETA. Es cierto que las plumas más brillantes no le seguirán cuando se ponga a hablar de competitividad. También lo es que los números no tienen la fuerza ni la pasión de un «España se rompe» bien gritado. Pero significa, por lo menos, que el PP está despertando de esas alucinaciones que imaginaban al pueblo español levantándose contra el Gobierno. Por eso le aconsejo a Rajoy: no deje esos asuntos para reuniones con empresarios. Mándele esos mensajes a la gente normal. Verá cómo mejoran sus estados de opinión.