El turno de Bolivia

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

CUANDO EL presidente de Venezuela, Hugo Chávez, le echó el cierre a Radio Caracas Televisión (RCTV), su colega boliviano, Evo Morales, se apresuró a asegurar que él no pensaba cerrar ningún medio de comunicación, a pesar de que en su país había «no sólo libertad de expresión, sino también libertinaje de expresión». Todavía no hace un mes, el presidente boliviano reiteraba con contundencia su rechazo a esa tentación totalitaria: «¿Quién ha hablado de cerrar canales? ¿Quién habló de cerrar radios? Jamás. Falso, totalmente falso», gritaba. Pero apenas un mes después de rasgarse las vestiduras ante semejantes acusaciones, no le ha temblado el pulso para firmar un decreto que limita la concesión de licencias radiofónicas para el área rural y les prohíbe que difundan mensajes políticos. Por supuesto esta restricción no afectará a las treinta «radios comunitarias» que creó el propio Evo Morales desde enero de 2006 con financiación venezolana, para extender el mensaje bolivariano (que es como se llama ahora el pensamiento único chavista). ¡Acabáramos! El presidente de Bolivia no va a cerrar emisoras, como prometió arteramente, pero les impone «abstenerse de transmitir mensajes partidistas o proselitistas de cualquier naturaleza». Para evitar el libertinaje, claro, sobre todo el de la Iglesia Católica, que tiene la cabecera de un sistema de radios rurales de gran predicamento en el occidente boliviano. El presidente de la Asociación de la Prensa de La Paz, Renán Estensoro, ha calificado el decreto de «restrictivo y discriminatorio en cuanto a la libertad de expresión» y ha dicho que pedirá explicaciones sobre su alcance, para saber «el por qué se afecta a ciertos sectores y no a otros y qué es lo que ha motivado este decreto, porque consideramos que las normas son para todos». Un planteamiento tan democrático y serio como ingenuo. Cualquiera podría adelantarle la verdadera respuesta, la que no le va a dar Evo Morales: «El decreto ha sido promulgado para afectar y limitar sólo a los no afines». De no ser así, el presidente boliviano no estaría siguiendo los pasos totalitarios del modelo cubano-venezolano. Y los está siguiendo. Escrupulosa y lamentablemente.