Bruselas nos defiende

| XOSÉ CARLOS ARIAS |

OPINIÓN

LA IMPOSICIÓN de una elevadísima multa a Telefónica por parte de la Unión Europea está generando la esperable controversia entre la propia empresa, la Comisión y el regulador español (la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones, CMT). La decisión presenta una gran complejidad técnica, tanto desde el punto de vista jurídico (es seguro que acabará en pleito ante el Tribunal de Estrasburgo), como de cálculo económico, pues la multa es probablemente excesiva si se compara con las impuestas en casos similares. Al margen de ello, esta noticia ha servido para hacernos recordar al menos tres cosas de bastante importancia. La primera es un dato que nos pone en la pista para interpretar uno de los principales problemas de nuestra coyuntura económica: el diferencial de inflación. Porque, si tenemos la misma política monetaria, unas cuentas públicas en superávit y por eso muy poco inflacionistas, y unos salarios contenidos, ¿a qué se debe que año tras año tengamos más inflación que nuestros vecinos? Pues, entre otras cosas, dice la Comisión Europea, a que por aquí pagamos un 20% más por las tarifas de ADSL, debido a que en ese importante sector subsisten vestigios monopolísticos. En fin, que sería este un ejemplo de cómo en algunos mercados y sectores -sobre todo en los servicios- no acaba de funcionar bien la competencia, dando lugar a nichos inflacionistas. En segundo lugar, la decisión nos recuerda que la Comisión dispone de algunas políticas con gran capacidad de impacto sobre empresas y particulares. Atenta sobre todo la opinión pública a políticas que, como la agraria o la regional, absorben buena parte del presupuesto comunitario, a veces se olvida la relevancia de algunas otras que, ciertamente, apenas consumen recursos de ese presupuesto. Es el caso de la estrategia de defensa de la competencia, la cual se justifica como política europea por dos razones. Primero, porque hay algunos mercados que adquieren cada vez más escalas transeuropeas; y segundo -y acaso aquí más a propósito, dada la controversia entre Comisión y CMT-, porque en estos asuntos no está de más un poco de lejanía de los órganos reguladores: demostrado está que cuanto más cercana sea la relación entre las grandes empresas y los órganos de regulación, más probable es la captura de éstos, por parte de los intereses afectados. Y esto nos lleva a la tercera, y más general, reflexión. En tiempos de evidente y triste repliegue del europeísmo, cuando muchos ven a la UE más como una amenaza que como oportunidad, no está mal constatar que, en realidad, como consumidores que todos somos, Europa nos defiende. A veces más y mejor que nuestros propios Estados.