LA DGT, en vísperas de los momentos más conflictivos de las carreteras españolas, sorprende con dos noticias. Las medidas en torno al carné de conducir por puntos han bajado algo más de un catorce por ciento las muertes en la red viaria. Dan facilidades de pago a los jóvenes para que sean conductores y engrosen la lista de peligros en la carretera. La DGT tiene ansias por salir en los medios de comunicación. Usa constantemente el mensaje de la represión. Es como si los conductores de nuestro país fueran más imprudentes e ineptos que los del resto de Europa. Me recuerda la canción de hace treinta años Libertad sin ira . A lo peor es que tras las campañas de tráfico se esconde la incapacidad de la administración para garantizar incremento del parque de vehículos y estado de la red de carreteras. Anuncian más de cuatro millones de desplazamientos para el comienzo de las vacaciones estivales. Nos tememos lo peor. Me gustaría saber que se hizo para cambiar el panorama del conductor desde las últimas vacaciones. Aunque después de comprobar el estado de los puntos negros llego a la conclusión de que no hay propósito de enmienda salvo más castigos y nuevas amenazas en forma de tipificación de delitos. Hubo cierta novedad. La Organización Médica Colegial, desde Madrid, parece preocupada por lo que es el más grave peligro para la salud de los españoles. No concibo programas de salud pública en los que no se trate de cómo frenar la morbilidad y mortalidad en las carreteras españolas. Parámetros sobre los que la DGT ni está ni se le espera: geriatrización de los conductores. Envejecimiento del parque automovilístico. Insuficiencia de conocimientos que lleva a no saber lo que hay que hacer en situaciones de conducción conflictiva. Medidas de seguridad en los vehículos. Mezcla de tráfico pesado y ligero. Conservación de las carreteras. Trazado y mantenimiento de la red con malas condiciones atmosféricas. Prefieren señalar a los mismos jóvenes a los que ahora conceden magnánimamente facilidades para pagarse el carné -como locos furiosos entre alcohol y velocidad- antes que reconocer las insuficiencias de seguridad en las carreteras, eso sin contar los efectos disuasorios para utilizar transportes como el tren, que, además de vertebrar el territorio, es alternativa al vehículo propio. Claro que ello redunda en la factura de la gasolina y sus impuestos.