Botellón dentro de un orden

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

BOTELLÓN dentro de un orden y más digo: dentro de un local. No sé qué asociación de no sé dónde exige que se prohíba el consumo de alcohol en las calles para acabar con el botellón, pejiguera de vecinos insomnes, ambiente propicio para broncas y, sobre todo, parte importante de un consumo excesivo y atroz de alcohol por gente joven. Consumo al que, por supuesto, los locales cerrados y autorizados no son ajenos. En fin, que a uno le gustaría más que se pidieran medidas y recursos eficaces para evitar un mal grave en el que más o menos ruido y bronca de más o bronca de menos son menudencias al lado de ya varias muertes por coma, accidentes de tráfico, etcétera. Estas peticiones (interesadas) de que se prohíba el consumo del alcohol, pero no en mi local, me recuerdan un dicharache que Quevedo contaba de los médicos, que, como se sabe, eran sus bestias negras. Se lo cuento. Un mal día llevaban a dos condenados camino de la horca con toda la parafernalia que la crueldad procesal acostumbraba y un par de médicos, al ver tan fúnebre cortejo, echó a llorar sin consuelo y tanto lloraban que otro espectador se sintió obligado a preguntarles si acaso eran familiares de los condenados. Los médicos respondieron que por supuesto que no, pero que les dolía ver que dos prójimos se morían sin gastar en médicos y medicinas.