Domingo de respingo

| UXÍO LABARTA |

OPINIÓN

22 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

A DOMINGO de junio, con lluvia y resaca de tomas de posesión de ediles miles, no le queda mejor inicio que una buena ristra de periódicos, en papel, acompañados de un demorado disfrute de café y cigarrillo. Más allá de un día definitivo para quienes aman el fútbol y a su equipo, o simplemente rechazan a un contrario, o del enconamiento entre el campeón y quien lo pretende en la fórmula 1, o el pacto cumplido o incumplido. Más allá de letanía conservadora que refleja un mundo maniqueo en el que creen fervorosamente a excepción -probablemente- de Canarias o Navarra, más allá de otra prédica que asombra vindicando una fuerza política tremendamente moderada, uno encuentra la sorpresa que le arrastra. Recorridos tres de los periódicos, y entrando en el cuarto, surge el asombro: La Vanguardia lleva a primera, en media página, un titular y foto: José Tomás regresa a los toros en Barcelona. Además, editorial y tres páginas en Cultura. Se convierte tal domingo en día de respingo. Luego del estupor y de los interrogantes provocados, uno no puede sustraerse a una riada de sensaciones que le arrastran a días de niñez y adolescencia cuando ante la casa de Noia se levantaba un artesanal ruedo permanente de madera, o recibía, firmado por El Viti, un banderín luego de su actuación en Coruña, o se recorrían las páginas de El Ruedo para saber de crónicas taurinas. Fue suficiente la noticia para que la afición soterrada reviviera, y desconocedor del toreo del tal José Tomás buscara muestras de su hacer, complaciéndose ante faenas llegadas de la mano de YouTube. Preguntándose por qué, además de la controversia sobre el no y el sí al toreo como la que es costumbre en Barcelona, podía darse allí no solo el deseo de 19.000 almas por ver torear, sino un alarde cultural de calibre tal como público y medios de comunicación magnificaban. No lo creerán, pero fue un alivio reconocerse entre quienes, más allá de tanto acontecimiento deportivo o político, podían encontrarse con la vieja afición al toreo. Rareza de multitudes.