J. C. ORTIZ | O |
21 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.EL MISMO día en el que nos enteramos de que Galicia se dispone a entrar en la carrera espacial vía satélite, nos desayunamos con la noticia de que un error burocrático ha impedido que el instituto Escolas Proval de Nigrán ponga en marcha un plan de energía solar pionero en España. Ya saben, estaban todos los papeles preparados y, de pronto, alguien se da cuenta de que falta una firma. Eran unos 25.000 euros para instalar paneles fotovoltaicos en el techo del gimnasio del instituto de secundaria, que se iba a convertir así en el primer centro educativo gallego en el que los alumnos se familiarizan con las tecnologías de vanguardia. En el Gobierno central le echan la culpa a la Xunta, y en la Consellería de Educación, a Madrid. Mientras se resuelve quién es el responsable, a quince kilómetros del instituto, en el campus universitario de Vigo, la idea de lanzar un satélite gallego para solucionar de un plumazo la brecha digital causó cierto asombro en la Escuela Superior de Ingenieros de Telecomunicaciones. «La propuesta no es una barbaridad -sentenció José María Pousada, director de los telecos-, simplemente ya no interesa». Y es que eso de lanzar satélites para abordar el reto de los telecomunicaciones es un invento más propio de la era Reagan, ya que la tecnologías de los tiempos de Bush van más por las redes inalámbricas que por la guerra de las galaxias. Ya de regreso al planeta Tierra, en el IES de Nigrán los 300 alumnos seguían con las clases ajenos a todo esto. Muchos de ellos son descendientes de aquellos mismos chavales que a principios del siglo pasado estrenaron las Escolas Proval, fundadas por colectivos de emigrantes en Argentina que, empeñados en que las nuevas generaciones de gallegos aprendieran a leer y escribir, levantaron un gran centro educativo en el Val Miñor. La brecha digital de entonces se solucionó con los ahorros de emigrantes con los pies en la tierra.