El desafío de Zapatero

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

17 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

EL PRESIDENTE José Luis Rodríguez Zapatero se enfrenta al difícil reto de convencer a aquellos ciudadanos que, tras la ruptura del alto el fuego por parte de ETA, siguen convencidos de que no ha abandonado su firme determinación de seguir adelante con el mal llamado proceso de paz y lograr el final negociado de la banda terrorista. El presidente del Gobierno se manifestó con tal fe y convencimiento en el pasado que ahora es, en cierta medida, rehén de aquellas esperanzadas y reiteradas declaraciones. La realidad es que el discurso de Zapatero ha girado con brusquedad y contundencia, y parece haber dejado atrás su énfasis en el talante, el diálogo y el consenso. La amenaza de ETA justifica su cambio y lo hace creíble, pero sus nuevos mensajes no acaban de disipar las dudas en la ciudadanía. Por ello muchos pierden el tiempo (es mi opinión) intentando saber cuál es su grado de convicción cuando dice que será «implacable» con ETA. Creo que lo relevante son los hechos y a ellos deberemos atenernos todos a partir de ahora. Y por ellos deberá ser juzgada la acción del Gobierno. Es verdad que la última reunión Zapatero-Rajoy ha sido positiva, pero también lo es que sobre esa aproximación entre ambos líderes se ciernen muchas dificultades, que pueden retrotraernos rápidamente al pasado. En tal situación, deberían ampliarse los márgenes de confianza con el objetivo claro de favorecer las relaciones entre las fuerzas democráticas ante la nueva amenaza terrorista. No puede cambiarse todo de repente, ni siquiera podrán retirarse estos asuntos de la próxima campaña electoral, pero sí que es posible acordar -y con urgencia- las grandes líneas de la lucha antiterrorista. La ruptura del alto el fuego tiene que suscitar, de un modo natural, la unión de las distintas fuerzas políticas del arco parlamentario, pero muy especialmente del PSOE y el PP. Y para conseguirlo sólo son necesarias una firme voluntad de compromiso y una voluntad igualmente firme de cumplir lo acordado. Si socialistas y populares no recuperan esa confianza mutua, todo será más difícil. Y desde luego no la recuperarán si cada uno juega a provocar el error del otro o busca una posición de ventaja en cada trance difícil.