Las energías renovables

| GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN |

OPINIÓN

EL CONSELLEIRO de Innovación ha asegurado, sin exagerar, que podemos llegar a ser líderes mundiales en energías renovables. Casi simultáneamente, uno de los más caracterizados impulsores de este negocio ha vaticinado en Vigo, en el salón Enernova, que no tardaremos en conocer quejas por el importante número de paneles que será necesario instalar para alcanzar una producción razonable de energía solar. No es malo que después de tanta confianza como se ha depositado en las nuevas energías, se empiecen a descubrir cuanto antes algunos de los inconvenientes que ofrecen, normalmente superables con investigación y el paso del tiempo, según los expertos. El primer problema, quizá por más generalizado, es el alto coste que tienen estas energías, hasta el punto de que si no fuera por el apoyo de las administraciones, su comercialización resultaría dificultosa. Otro inconveniente, quizá menor, es que probablemente no podremos utilizar a corto y medio plazo exclusivamente las energías renovables, si no nos apoyamos en las convencionales como complementarias, dado que aquéllas no tienen producciones regulares garantizadas, por ahora. A esos problemas se ha sumado la contaminación visual de la eólica, ya conocida en los montes gallegos, y que ha motivado también alguna protesta. Y ahora se anuncia un problema semejante con la solar, justo cuando la Xunta se ha planteado regular la instalación de paneles solares en el campo. Más allá de ayudarnos a superar los problemas de contaminación atmosférica de las energías tradicionales -también con importantes apoyos gubernamentales-, las renovables están naciendo se supone que a la medida de las necesidades del hombre, y deben ser objeto de un control democrático a lo largo del proceso. Buena parte de los inconvenientes que puedan ofrecer se resolverán con más investigación aplicada, tarea en la que estamos, y no debería acelerarse su implantación sin garantías de que no produzcan frustraciones innecesarias.