El escudo de misiles

| GONZALO PARENTE |

OPINIÓN

LA REUNIÓN del G- 8 esta semana ha servido para que Rusia y EE.?UU. muestren sus diferencias sobre el cambio climático y el escudo de misiles. Este es un proyecto norteamericano para establecer las bases de defensa antimisil en Polonia y en la República Checa, dos antiguos aliados de la desaparecida URSS en tiempos de la guerra fría, hace ya quince años. El sistema supone la capacidad para destruir en vuelo cualquier misil que pueda llegar a Europa o, a través de nuestro continente, pueda llegar al territorio norteamericano. Según se manifiesta abiertamente, a Putin le afecta, porque este sistema defensivo anula la efectividad de sus misiles, y por tanto, su estrategia de disuasión. Pero podemos preguntarnos: ¿A quién quieren disuadir los rusos? ¿Será a la OTAN, a Europa o a EE.?UU.? Puestos a pensar, me pregunto si todo esto no será para que los europeos volvamos a estar cautivos por los unos y los otros, tal como sucedió durante la guerra fría. La amenaza que acaba de hacer Putin, como reacción al proyecto aprobado para instalar diez sistemas de intercepción en Polonia y un sistema de identificación radar en Chequia, consiste en decir que van a apuntar sus misiles a ciudades europeas como objetivos. Por eso, la Unión Europea tiene de una vez que dejar de ser dependiente de los sistemas defensivos ajenos y tener sus propios sistemas de defensa. Los tiempos del siglo XXI han cambiado el panorama estratégico mundial y Europa no se puede fiar de decisiones ajenas, cuando sabemos de los enormes arsenales nucleares que acumulan Rusia y EE.?UU. Esas son las cargas que pueden transportar los misiles. Rusia acumula más de 4.000 cabezas nucleares, y EE.?UU., más de 5.000, aunque ambos países se comprometieron en el año 2002 a reducir sus arsenales a 2.200 cabezas cada uno para el año 2012. Mientras tanto, Irán continúa con su programa nuclear y da justificación a que se establezcan los sistemas de defensa antimisil. Todo ello supone la negación de Europa como potencia capaz de asumir su propia defensa.