La sociedad civil

| FEDERICO FERNÁNDEZ DE BUJÁN |

OPINIÓN

TODAVÍA no hemos salido de la resaca electoral, todavía no se han descolgado los carteles que invadieron nuestras calles con rostros y mensajes de los elegibles y ya nos dicen a los electores que lo pasado sólo han sido unas primarias y que debemos prepararnos para las generales. El país está, en buena medida, saturado de mensajes. El país está, en mayor medida, necesitado de acciones. Resulta manifiestamente pernicioso volver a entrar en un clima electoral, en el que los políticos hagan dejación de su obligación de gobernar, acuciados por la necesidad de seguir diciendo aquello que harán en el caso de que les otorguen su confianza en la próxima cita con las urnas. La abstención, sobre todo en determinados territorios, debería ser objeto de reflexión. Sin duda ha sido un síntoma de cansancio. Los analistas políticos han intentado extrapolar, ante unas eventuales elecciones generales, el resultado de las municipales. El proceso es complejo y presenta tales variantes que es difícil alcanzar un pronóstico de cierta exactitud. En todo caso, aun con reservas, parece que arroja un empate técnico entre los dos principales partidos nacionales. Su distanciamiento abismal, personal e ideológico, nos sitúa en el momento más delicado de nuestra reciente historia democrática. España parece parapetada, frente a frente, en dos trincheras. España, por el contrario, merece seguir siendo una gran nación: una sociedad constituida por una diversidad de pueblos, formada por la agrupación pactada de personas que constituyen unidad distinta de cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, los principales fines de la vida. No he hecho más que reunir en una sola, con alguna pequeña variante literal, las dos primeras acepciones que el Diccionario de la RAE dedica a la voz «sociedad». Desde ella, apelo a la responsabilidad de la clase política y a la propia sociedad civil para que pueda superarse esta situación nacional de permanente crisis.