En la costa

| UXÍO LABARTA |

OPINIÓN

PASADOS días de unas elecciones ante las cuales las reacciones de los líderes políticos se inscriben dentro de lo previsible, no puedo sustraerme a dos hechos que han llamado mi atención. Por una parte, la bien conocida labilidad del voto no conservador con su deriva abstencionista, y por otra, los resultados electorales en las zonas costeras, ayuntamientos con conflicto en su ordenación urbana. Respecto a la abstención, no es difícil interpretarla como desafección ante una acción de gobierno poco atractiva, y por tanto nada nuevo hay en ello, apenas un permanente aviso a navegantes del socialismo y el nacionalismo respecto a la exigente posición que mantiene su potencial electorado. Quizá como envés de lo anterior, los resultados en la costa muestran la cara amable y esperanzadora de un país, una sociedad y unos ciudadanos que responden positivamente a una acción de gobierno arriesgada y novedosa, como es la ley de medidas urgentes para protección del litoral, aprobada con los votos en contra de los conservadores, y a las sucesivas actuaciones respecto a la disciplina urbanística de la Consellería de Ordenación do Territorio. Y son estos resultados los que permiten, me permiten, ver el futuro de este país con esperanza. El posicionamiento político de los populares ante la citada ley y ante las medidas de disciplina urbanística se sostenía en una visión catastrofista de la economía costera y en una interpretación cicatera de los intereses de la población propietaria de los terrenos afectados. Y aun no dudando de que esa interpretación pudiera ser reflejo de una cierta realidad, los resultados electorales del 27 de mayo indican que una gran parte de los gallegos de la costa entienden que actuaciones de protección de su pueblo y su territorio no les perjudican, ni en su modo de vida, ni en sus intereses, por lo que debe interpretarse que las perciben como beneficiosas. De ello, nuevo aviso: la ciudadanía entiende y valora las actuaciones del Gobierno que protegen sus intereses y demuestra que tales intereses son más amplios que los contenidos de aquel programa político que nadie se atrevió a escribir, pero que en la comunicación oral del ti xa me entendes se interpretaba como «de cada leira un solar».