La visita de la perplejidad

EDUARDO CHAMORRO

OPINIÓN

02 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

CONDOLEEZZA Rice, secretaria de Estado, pasó por Madrid para comprobar que el Gobierno de los Estados Unidos tiene un problema con el Gobierno español, y ese problema no es que le sorprenda o moleste lo que el Gobierno español hace, es que no acierta a descubrir para qué lo hace, con qué voluntad ni a favor de qué propósito. El Departamento americano de Estado es una oficina experta en mirar y remirar, oír y escuchar, actividades que de vez en cuando le sirven de algo, salvo en el caso del Gobierno español, para el que no encuentra manera de desentrañar las intenciones. Y lo que pone la guinda sobre esas capas de perplejidad es que el Departamento de Estado está casi seguro de que el ciudadano español tampoco sabe qué norte persigue la diplomacia del Gobierno Zapatero, y tiene como probable que eso ni siquiera lo sepa el Gobierno español. Podrían preguntárselo a la vicepresidenta Fernández de la Vega o al mismo presidente Zapatero, y ambos remitirían la pregunta al ministro Moratinos. Pero Moratinos respondería que la cuestión palestina es sumamente compleja. Moratinos ha vivido mucho tiempo en Palestina, por eso sabe que la cuestión palestina es compleja, y se lo cuenta al lucero del alba. Donde no ha vivido Moratinos es en Cuba, por eso no sabe con quién verse cuando viaja a Cuba, e ignora que la isla cuenta con un buen número de presos políticos y de disidentes que llaman a Castro «el Coma Andante». Como se hacía en España cuando se pensaba que Franco era inmortal o casi. Y esa es otra de las cosas que tienen perpleja a la secretaria de Estado, según manifestó poco antes de aterrizar en Madrid: «España, que ha sido capaz de superar su propio pasado autoritario y asentar la democracia y la libertad para su pueblo, estará de acuerdo en que el pueblo cubano se merece lo mismo». Por eso le extraña que Moratinos ponga la vista en Cuba y no vea preso alguno. Es ese tipo de cosas para las que Condoleezza Rice busca aclaración. Pero le habrán informado de la inasistencia del presidente Zapatero al desfile del Día de las Fuerzas Armadas. Es la tercera vez que el presidente del Gobierno no asiste a un acontecimiento semejante. Podría suponerse, sin duda con un gran margen de error, que las Fuerzas Armadas tienen algo que no es del agrado del presidente. Y aunque eso quizá no sorprenda a los propios, puede parecer rarísimo a los extraños. De modo que si la dama vino perpleja, se habrá ido atónita.