Satán dialoga con el «eje del mal»

| YASHMINA SHAWKI |

OPINIÓN

NO HAN transcurrido ni cinco meses desde la ejecución de Sadam Huseín y dos de sus más acérrimos enemigos se han reunido en lo que el carnicero de Bagdad consideraba su feudo particular. Me pregunto qué pensaría Sadam, caso de seguir vivo, de que aquellos con los que sostuvo una guerra de ocho años y los que invadieron su país en 1991 y en 2003 hubieran hecho de tripas corazón ante el caos que vive Irak y se hubieran puesto a dialogar. El embajador de Estados Unidos en Irak, Ryan Crocker, y su homólogo persa, Hasán Kazem, han roto, no sin muchas reticencias, los tres decenios de hostilidad entre sus países. Hostilidad que se remonta a 1979 con el regreso del exilio del ayatolá Jomeini, el derrocamiento del sha Reza Pahlevi, viejo aliado norteamericano, la instauración de la República Islámica, y que alcanzó su cénit cuando una horda de jóvenes entusiastas de la revolución, entre los que, al parecer, se encontraba el actual presidente iraní, Ahmadineyad, asaltaron la embajada de Estados Unidos en Teherán el 4 de noviembre de ese año. Sin embargo, y a pesar de que Irán sigue irritando a la comunidad internacional, sobre todo a Estados Unidos, con su pertinaz obstinación en el enriquecimiento de uranio sin supervisión, y de que Norteamérica no ha dejado de ser el infiel invasor de tierras sagradas para Persia, existe una amenaza común lo suficientemente grave como para dejar los enfrentamientos en el cajón. Y es que, aunque han tardado en darse cuenta, para frenar la extensión de la inseguridad fomentada por los seguidores de Al Qaida, dentro y fuera de Irak, sólo cabe que el Gran Satán y el líder del eje del mal se pongan de acuerdo para luchar juntos.