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25 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.POR LO VISTO, hoy tenemos que reflexionar. Es como si nos dijeran: «Y ahora te sientas ahí tranquilito y piensas un poco sobre lo que has hecho». Según el diccionario de la Real Academia, «reflexionar» consiste en «pensar atenta y detenidamente sobre algo». Exige mucho este diccionario. Imaginen, con lo difícil que resulta pensar, sólo pensar, y encima nos pide que lo hagamos «atenta y detenidamente», es decir, suprimiendo cualquier otra solicitud que pueda llegar a nuestro entendimiento para concentrarnos exclusivamente en ésta. Y a la vez, con pausa, demorándonos en el asunto, sin precipitarnos. Mucho pedir me parece. Nos hemos acostumbrado ya a que el exceso de información, en su misma desmesura, nos haga imposible el pensamiento, de modo que nuestras decisiones quedan a menudo suplidas por la última sensación, por el impulso del instante. Buena parte de la publicidad y de la propaganda política se apoya en eso: en que bajo ningún concepto pensemos, en que respondamos según los clichés que previamente han diseñado para nuestras entendederas. Alguna gente, no sé si poca o mucha, consigue sustraerse a ese embrujo y decidir, reflexionando, en medio de esta marea de mentiras sobre lo evidente que hemos dado en llamar «campaña electoral». Cuando se miente sobre lo evidente, sobre lo palmario, sobre lo que no necesita demostración, sobre lo que está a la vista de todos, alguien está mal de la cabeza: el que habla o el que escucha. Ya no se trata de un problema político, de opciones, sino psíquico, de insania. Quizá por eso me ha preocupado más la campaña electoral que el resultado de mañana, condenado a cumplir, en cualquier caso, con la tercera acepción del diccionario para la palabra «reflexión»: «Acción y efecto de reflejar o reflejarse». pacosanchez@lavoz.es