LOS DEMÓCRATAS estadounidenses le van ganando terreno a los republicanos con el único argumento público de que rechazan la política del presidente George Bush en Irak. ¿Qué política proponen en su lugar? Ninguna. Es cierto que hablan de una eventual retirada de las tropas, pero no dicen cuándo ni cómo, lo cual es menos -y más confuso- que la reducción del despliegue que Bush se propone llevar a cabo. En estos términos se escenifica la farsa. Los demócratas no pueden ganar sin demonizar al halcón Bush, pero también saben que, una vez en el poder, sólo podrán ser continuistas. Lo contrario significaría aceptar la derrota y olvidarse de sus tropas y de su propio sacrificio militar. Distanciarse de Bush es fácil y caso obligado, pero no es tan fácil distanciarse de Irak. De modo que, como ha dicho el experto americanista Robert Kaplan, debemos hacernos a la idea de que los demócratas que hoy aseguran que la guerra está perdida, serán los mismos que negarán esa derrota cuando estén en el poder. ¿Por qué ha de ser así? Porque Estados Unidos no tiene tantas posibilidades como quieren hacernos creer hoy los demócratas. En realidad, sólo tiene una coherente con el error mismo que fue la invasión: poner orden en Bagdad, fortalecer la alianza tribal contra Al Qaida y reducir los atentados suicidas. ¿Es posible lograrlo? De momento, bastaría con que se hiciesen visibles algunos logros en este sentido. Esperar más sería invocar el milagro. Por más que los estadounidenses deseen ahora salir de Irak -y lo desean-, no están en condiciones de hacerlo sin dañar su propia imagen y dejar Oriente Medio convertido en un problema irresponsablemente agravado. Una política de contención consciente de la realidad y adaptada al terreno puede ser la mejor opción. El verdadero dilema lo tienen ahora los republicanos. Si se distancian de Bush por temor a un batacazo electoral, se distancian de unas expectativas razonables de mejora en el mismo Oriente Medio que ellos empeoraron. Su actitud en las próximas elecciones será determinante. En la farsa que se avecina, tendrían que lograr alejarse de todo lo que huela a Bush... sin renunciar a su actual política de paulatina retirada sin abandono.