LO SUCEDIDO en Vigo no es agua pasada. No hay que dejarla correr. La toma de la sede de la Xunta es una vergüenza que tenemos que lamentar todos los gallegos. No tiene nada que ver con una negociación. Fue una violación. La Xunta es la casa de todos. Y entrar en ella a la fuerza, romper expedientes y exhibir la bandera gallega por una ventana es un suceso que costará olvidar. Me pregunto que pensarían los violentos si los demás gallegos entramos en sus casas, porque no estamos contentos con nuestras situaciones laborales, y les rompemos el salón, les tiramos los papeles por la ventana y agitamos una foto familiar como símbolo por la ventana. Eso es lo que hicieron. Lo disfrazaron de medidas de presión. Pero sólo se presiona con las palabras, con inteligencia, sobre una mesa. La toma de la Bastilla en Francia fue en el siglo XVIII y contra una monarquía corrupta, lamentable. Todos tenemos problemas y no cortamos las carreteras ni quemamos los contenedores cuya factura saldrá de nuestros bolsillos. La policía rechazó el enfrentamiento directo. El motivo: no lamentar heridos o muertos. ¿Y si el muerto hubiese sido un inocente atascado en una ambulancia en la autopista? Hubo que proteger empresas para que no las boicoteasen, empresas que sólo necesitan coartadas de este tipo para irse con la factoría a otra parte. Así no se puede trabajar, coaccionados por una minoría. El precio que pagamos por esas fotos tan bochornosas es demasiado alto. Por no hablar del negociador de la patronal atrapado en el bloqueo de la autopista por los mismos que le esperan para negociar. Un absurdo. Vigo es mucho más que todo este disparate. Es una ciudad líder, reina de la ría, vigorosa, que quiere estar situada en el mundo y no sitiada por la ira de los violentos. El derecho de huelga no incluye cerrar autopistas y abusar de los demás. ¿O sí? Esta moda de colapsar ciudades no tiene pies ni cabeza.