Luz añeja

| MANUEL-LUIS CASALDERREY |

OPINIÓN

AÑEJA: que tiene mucho tiempo (segunda acepción del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua). Tanto, que resulta difícil de imaginar. En efecto, se ha captado la explosión de una supernova (estrella que muere) situada a doscientos cuarenta millones de años luz de la Tierra (La Voz, 9-5). Es decir, esa luz ha salido de la estrella moribunda hace 240 millones de años y llega ahora al planeta azul. Es ciertamente una luz, muy, muy añeja. Conviene recordar que el año luz es la distancia que recorre la luz en un año: un poco menos de 10 (9,46) billones de kilómetros. Es también una luz que viene de muy lejos: ha recorrido unos 2.400 millones de billones de kilómetros. Para tener alguna referencia más cercana, la luz tarda 8,3 minutos en llegar desde el Sol a la Tierra. La distancia entre el Sol y la estrella más próxima (Centauro) es de 4,22 años luz. Nuestra galaxia (Vía Láctea) tiene un diámetro de sólo cien mil años luz. Estos datos pueden acercarnos a la inmensidad del Universo y descolocarnos de nuestro universo más cercano, con tiempos en años y distancias en miles de kilómetros. Cuando la luz salió de la supernova, la Tierra se encontraba en el período geológico Triásico (250 a 208 millones de años anteriores a la fecha actual), perteneciente a la era Mesozoica, en la que aparecen los primeros dinosaurios. Los continentes estaban todos unidos formando el supercontinente conocido como Pangea (toda la Tierra). Desde que la luz de esta supernova inició su andadura por el universo a una velocidad constante de 300.000 kilómetros por segundo y llegó hasta nosotros, los dinosaurios se extinguieron, el Homo sapiens se ha adueñado del planeta; los continentes, montados en las placas tectónicas, se han separado unos de otros presentando la configuración actual. A veces deberíamos de acercarnos a la inmensidad del Universo, para darnos cuenta de nuestra insignificancia.