IMAGINEN que padezco tres años luz de pereza y tengo las teclas de mi ordenador esperando a por mis dedos, pero esperándolos con los plazos con que me citaron a la parienta para un par de consultas médicas que para entonces o sobraban o ya no había nada que rascar, y nunca mejor dicho, pues en dermatologías andábamos. Tanta inercia de reposo es bobería al lado de la que disfruté en estos días castigándome la tentación de tocar temas que, toques como los toques, una buena parte del auditorio va a alporizarse contigo y con tus antepasados. Pero uno es terco, no pierde las mañas y allá va el folio. Más de una vez me habrán leído en materia de desordenación y depredación del territorio, materia en la que los gallegos somos maestros desde el Neolítico, echándole por lo bajo, sobre todo en que cada cual haga lo que le peta donde le pete y la desfeita remate en abarrote de taras, carencias, costos excesivos, disfunciones, peligros e incomodidades en la red de servicios con que se atienden las necesidades individuales y colectivas. Por supuesto, el que montó lo que le petaba donde le petaba y como le petaba madruga en creerse con derecho largo a todo tipo de prestaciones y servicios públicos; la lección de obligaciones suele ser corta. Días atrás hubo un accidente muy grave en un paso a nivel y parece que con responsabilidades objetivas de la Administración no sólo por fallos humanos y técnicos del momento, sino porque manda narices lo que manda narices, a saber, que la línea férrea con mayor tráfico de trenes y viajeros en Galicia está en condiciones tales de equipamiento y de seguridad que hay que creer en la esforzada conjunción de la Divina Providencia, el Ángel de la Guarda, la Baraka marroquí, la Fortuna romana, la Týkhe griega y la Tómbola del Cubo para explicarse que no haya estropicios graves a esgalla. Los seis kilómetros de paso del ferrocarril por Valga tienen trece pasos a nivel. Hágase ahora la correspondiente extrapolación al resto de la línea y resultará que entre Vigo y A Coruña puede haber alrededor de 300 pasos a nivel. Con o sin barreras es lo de menos; me temo que la mayoría de los pasos no las tienen, que se cruzan a ojo o de oído, y que nos dejamos en el tintero tropecientos pasos polas silveiras para tractores y algún carro, si queda. Estamos hablando de que en Valga nunca se deberían haber consentido y deberían estar tapiados desde los tiempos de la carbonilla por lo menos diez u once de esos pasos. Y esto de Valga que también valga para todas las líneas férreas de Galicia. La alternativa es mantener lo necesario para que menudeen los accidentes graves, con pérdida de vidas y, también importante, daños de mayor cuantía en bienes y servicios públicos, incluyendo los daños en derechos e intereses de los que viajan y no tienen por qué amolarse ni con las sentadas de los unos ni con las inoperancias de los otros.