Hay que saber perdonar

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

HAY QUE ser bondadosos y generosos. Y saber perdonar los errores de los demás. Ahí reside precisamente el don que distingue a los humanos de los que no lo son. Nos lo han enseñado desde que éramos críos. Perdonad a los que obran mal, nos decían nuestros papás. Perdonad a los que cometen errores a sabiendas, insistían nuestros maestros. Y a los soberbios. Perdonad, porque perdonando se hace uno grande, nos aconsejaban nuestros abuelitos. Así que vamos a hacerles caso. Y perdonarle. Porque el nuevo bodeguero de honor de la Academia del Vino de Castilla y León ha dicho lo que piensa, y medio país se le ha tirado a la chepa. Como si uno no pudiera ser sincero y noble. Ha dicho el bodeguero de honor que le dejemos beber tranquilo. Y que no quiere que alguien conduzca por él. Porque el bodeguero de honor ama sobre todas las cosas la libertad individual. Y por eso cree que se puede conducir aunque se esté chispa, mientras no se ponga en riesgo a nadie. Y hay que saber perdonarle. Y comprenderlo. Porque cuando el bodeguero de honor hizo tales afirmaciones puede que estuviera piripi. Que es normal. O puede que meditase sobre el futuro del país y el de su partido. Puede incluso que estuviera cavilando dónde escondió Sadam aquellas armas terribles que por poco acaban con nosotros. Y hasta es posible que meditase sobre cómo un gran líder puede pasar en cuestión de minutos de disfrutar de una mayoría absoluta a la más amarga derrota. Y, claro, con tanta cavilación, dijo lo que dijo. Por eso hay que perdonar. Y ser generosos. No dijo lo que dijo porque no quería decir lo que dijo y que dicen los periódicos que dijo. El bodeguero sólo quería defender la libertad individual. La de usted y la mía, que si no las defiende él a ver quién lo hace. Por eso hay que disculpar el lapsus cometido desde la buena intención. Sólo a los retorcidos se les puede pasar por la imaginación que quien sacó a España del rincón de la historia haga ahora apología de conducción achispada. Sólo a los malpensantes puede ocurrírseles que no haya sido respetuoso con las víctimas del asfalto. Él, el gran estadista, el mismo líder que quiso redimirnos y apartarnos del mal. Aunque no le dejamos. Afortunadamente.