Vigo y su Dulcinea

| ALBINO PRADA |

OPINIÓN

LO SIENTO: Dulcinea es una máquina. Eso sí, es la mayor máquina que existe en el mundo para hacer túneles. Ha trabajado a conciencia en Madrid los dos últimos años -para finalizar un subterráneo en la M-30 de casi ocho kilómetros- por un importe de casi dos Cidades da Cultura... La tuneladora Dulcinea factura cien millones al kilómetro. Pero aquí, en provincias, aunque lo parezca, no nos dormimos. Y menos en Vigo. Si ordeno mis recortes de prensa de las últimas semanas sobre la llegada de la línea del AVE tengo, de momento, lo que sigue: un túnel de seis kilómetros para llegar desde Redondela hasta la actual estación de Urzaiz (que pasaría por debajo del monte de A Madroa), otro de un kilómetro largo entre Urzaiz y Sárdoma, desde aquí una bifurcación; por un lado, continuaríamos por debajo de Puxeiros-Mos con seis kilómetros de túnel hasta salir a cuatro kilómetros de O Porriño con destino a Portugal, por otro se quiere llegar desde Sárdoma a Bouzas con otros siete kilómetros de túneles. Respiramos hondo y sumamos: veinte kilómetros. Ya metidos en harina, el obispo de Tui-Vigo reclama evitar el impacto sobre el complejo parroquial de San Pedro de Sárdoma y los feligreses no quieren menos. Como decía el hidalgo: «Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho»... pero no hay que preocuparse si nuestra Dulcinea nos asiste. Total, que si cambiamos tres viaductos por apenas dos kilómetros -ya se lo imaginan- de túnel, casi todos, obispo y feligreses, felices. Y sólo con 58 millones de euros más. Aprovecho este último dato para hacer un cálculo provinciano: a este precio hablamos ya de veintidós kilómetros de túneles y de más de 600 millones de euros. Se impone ante esta cifra mantener la cabeza fría: por supuesto que haremos veinte kilómetros de túneles, pero algunos más baratos, de vía doble en vez de tener dos bocas. Aunque, en fin, poco más cuesta esto que la Ciudad de la Cultura, y es menos de lo que pide un empresario por una mina de cuarzo para que el AVE llegue pronto a Compostela. En fin, nada preocupante para Solbes. De manera que, en plena precampaña electoral, emerge un inusual consenso entre las tres fuerzas políticas mayoritarias: «Que el AVE cruce bajo tierra por toda la ciudad». En el siglo XIX se llegaba a Vigo empujando vehículos -de ahí lo de Alto de Puxeiros- por el actual concello de Mos... y, como no había Dulcineas, el ferrocarril bordeó desde Redondela por Rande y Chapela para desembocar en Urzaiz. Asombra comprobar que, más de cien años después, Urzaiz y Puxeiros-Mos sigan siendo los referentes inevitables del laberinto que tunelará nuestra Dulcinea. Aunque existirían posibilidades reales de arreglarnos con sólo siete kilómetros de túneles. Dejando tranquilos a Mos, a Urzaiz... y, por supuesto, al obispo.