¡Más ladrillo!

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

HABLAMOS días atrás de ladrillos mal puestos o indebidos, hacíamos Antropología Cultural de la Galicia Fetén desde siempre hasta que escampe, que no nos caerá esa breva porque la borrasca es crónica y endémica. Bueno, no seamos pesimistas e imaginemos un escampiño coincidente con el paso del AVE por A Gudiña, que es una fecha que también se dice «ad calendas graecas», que se traduce por «estate por aí, que xa te chamarei», fecha gallega donde las haya. Si les doy cuerda a mis teimas contra el mal ladrillo me arriesgo agotar la Papelera Española sin rematar mis Obras Completas y, peor todavía, a electrocutarme por inundar el teclado con una cascada de lágrimas que no tendría nada que envidiar a la que se cargaron en Ézaro, en el Xallas. Feísmo por aquí y por allá, reportajes sobre el feísmo con grandes choteos y pitorreos sobre el chaíñas y su galpón de uralita con ladrillo visto, etcétera. En fin, duelos y quebrantos por chapuzas y barrabasadas que una excavadora reduciría a cero en media hora y tal vez sin necesidad de abrir expediente previo a lo que no tenía ni plan ni licencia ni otras gaitas por el estilo. Es bonito y reconfortante darle caña a ese feísmo del chaíñas rústico o suburbano porque mientras tanto no se ve, por ejemplo, la isla de Toralla (ría de Vigo) y su rascacielos / rascaleches (Miguel Hernández dixit), o el pirulí nefando al que apunta acusador y desconsolado el dedo de los García Naveira en su plaza de Betanzos, dos ejemplos mínimos del feísmo urbano que invade toda Galicia, con amparo legal y viento en popa político, bendecido con planes y licencias de alcaldes y concejales, y perpetrado no por chaíñas espontáneos, sino con título universitario superior. Un feísmo que está a salvo de la excavadora, que perdería mucho tiempo y mucha pasta en echarlo abajo, si esa suerte tuviésemos. Y ahora ¡más ladrillo! resulta que en la futura biblioteca de la Cidade da Cultura (monte Gaiás y no volverás) los bibliotecarios creen que hay un desequilibrio muy grande entre los metros construidos y los útiles, además de falta de espacio para las zonas destinadas a almacenamiento. Bueno, lo segundo es de muy fácil arreglo o alivio con no poner más que ediciones de bolsillo y reservar formatos mayores para que sigan teniendo público las otras bibliotecas de Santiago, alguna todavía, por cierto, también sin inaugurar. Lo de que haya mucho metro construido y poco metro útil no es cosa que necesite arreglo; más bien necesitan los bibliotecarios ¡y perdonen mi franqueza! un máster de actualización en «Ad pompam vel ostentationem», un latín que está más tirado que el dinero público. Más tendría que decir pero me urge, en víspera de elecciones, pedirles a conselleiros, diputados, alcaldes, concejales, etcétera, del BNG que cometan alguna equivocación, aunque sea cosa chica involuntaria, aunque sea solamente por omisión, para que a sus votantes no nos dé el reparo de si no perteneceremos a una humanidad superior que nuestros prójimos no se merecen.