AISLAR al contrincante político es instrumento para impedirle gobernar mediante el juego de las alianzas que construyan mayorías. Tiene el riesgo de la confrontación que nos aleja de la política del consenso y traslada a la sociedad división y enfrentamiento. En nuestro país, ni el más astuto seguidor de Maquiavelo podría haber previsto la situación que se vive. El primer partido de la oposición solo, si bien con su cuerpo electoral, pero incapaz de encontrar acuerdos con otras formaciones políticas para alcanzar mayorías que sean alternativa al Gobierno socialista. Se están alzando voces dentro del PP. La última la del actual diputado general y líder histórico del PP en Álava, Ramón Rabanera, que no se vuelve a presentar, y ha pedido: moderación, menos crispación y más comunicación con los adversarios. Tender puentes entre su partido y el resto de las formaciones. Lo dice ante la sombra del pacto PNV-PSE para repartirse el poder en Álava, donde ha gobernado, gracias a Unidad Alavesa, una coalición de partidos constitucionalistas. ¿Qué fue del viaje del PP en busca del centro? El centro es una actitud que permite aproximarse y construir puntos de encuentro en torno a un partido fuerte que desea ser alternativa de gobierno. Lo vamos a ver en estas elecciones municipales. El PP, o gana por mayoría absoluta, o tiene muchas posibilidades de quedarse fuera de los gobiernos. ¿Quién tiene la culpa? No creo que en las bases ilustradas del PP sigan diciendo que todos los demás forman parte de una conspiración contra Génova. O que el imperio mediático, leal al Gobierno, deja atontados a los ciudadanos. Alguien, de confianza, les debería decir que, con sus actuales dirigentes y sus mensajes televisivos, dan miedo. Que hay una carrera hacia la radicalidad de la que resulta muy difícil el retorno hacia la centralidad. Y, si miran hacia atrás, para saber quién les sigue, comprobarán que sólo los de la extrema -que antes no estaban con ellos- los acompañan. Es curioso comprobar cómo el «mantenerla y no enmendarla» tras el fracaso de la gestión del 11-M, sin congreso que depurara a los torpes y mal intencionados, arrastró a todo el partido hacia las posturas de la confrontación y el aislamiento. Y no sólo pierde el PP. Es que perdemos todos los ciudadanos al provocar el miedo al cambio que pudiera ser necesario si los actuales gobernantes nos decepcionan.