NO PRETENDO escribir un tratado gastronómico, ni siquiera dar una receta de cocina con la fórmula de la popular salsa. Hoy el aliño es otro y, evidentemente, hace referencia a Bolonia, la ciudad del norte de Italia que ha celebrado, como cada primavera, una nueva edición de su feria del libro infantil y juvenil. Y, como viene siendo habitual últimamente, también estuvo presente Galicia con un puesto anónimo, pues fue desposeído de su rotulación que indicaba a quién pertenecían los libros allí expuestos. Resulta que la organización ferial a la que la Dirección Xeral de Creación e Difusión Cultural de la Xunta de Galicia contrató el espacio, ubicó físicamente el stand en el pabellón 29, dedicado a la oferta infantil y juvenil de algunos países europeos, entre ellos España, bien representada por un buen número de editoriales y delegaciones institucionales de los distintos gremios territoriales. Pues bien, cada editorial tenía un identificador visual que consistía en una bandera nacional de unos diez centímetros y el nombre comercial del expositor. La bandera, como no podía ser de otro modo, era la de España, país que compartía pabellón con otros de la Unión Europea, y ese símbolo era la parte icónica del espacio de los libros gallegos. Pero héteme aquí que un o una funcionario o funcionaria de la delegación gallega, héteme aquí que un comisario político de un partido en el Gobierno de la Xunta, despegó el cartel indicador, porque incluía la bandera de España y no, ¡ay!, la de Galicia. En llegando a este punto, conviene señalar que dos editoriales punteras en la LIJ, con denominación de origen en Galicia, premiadas reiteradamente en Bolonia, Oqo y Kalandraka, mira por dónde, lucían en sus identificadores la enseña española, que únicamente servía para codificar su procedencia. ¿Quién autorizó al funcionario o funcionaria a suprimir la cartela del stand ?, ¿quién consiente las actitudes pueriles y pacatas del personal al servicio de la Consellería de Cultura?, ¿qué justificación se puede dar a este suceso ciertamente pintoresco? Pensé seriamente, dudé en escribir este artículo, pero convine conmigo mismo que los silencios pueden resultar cómplices, y yo nada tengo que silenciar, pues no quito ni pongo rey ni tengo señor a quien ayudar, y va siendo hora de comportarnos con la normalidad que situaciones como la que estoy contando demandan. Y mudo, muy a mi pesar, la crónica amable que es tónica en mis colaboraciones por la narración de un suceso que, aunque menor, no deja de resultar bochornoso. El día 25 de abril, Italia fue una fiesta; se conmemoraba el aniversario de la liberación del fascismo, y desde hace sesenta años es fiesta nacional.