Un mal endémico

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

ESTAMOS hechos un lío. Las elecciones municipales, a la vuelta de la esquina y nosotros, con un cacao que no nos aclaramos. Hay quienes creen que se vota en las imprentas y no en los colegios electorales. Hay quien censa a toda prisa a reclusos, transeúntes, viajeros e imposibilitados. También hay quien se apresura a pedir el voto sin respetar los plazos. O los especialistas en disfraces, que se niegan a aceptar las reglas del juego. Y no falta el que defiende que los que nunca pusieron un pie en Galicia, que no saben qué es el Prestige , que son incapaces de decir el nombre de un escritor gallego y que creen que aún estamos bajo el mando y ordeno de Manuel Fraga, decidan los alcaldes del pueblo de su abuelito. Porque lo del voto emigrante es un mal endémico en este país. Siempre que vemos elecciones en el horizonte nos damos cuenta de lo decisivo que puede resultar. Aunque lo único que sepan de Galicia es que hay un paisaje muy bonito y que se vive muy bien. Y es entonces cuando empezamos a hablar de qué hacer para no mantener esta situación de paranoia. Pero claro, es difícil ponerle fin. Porque resulta duro rechazar esos apoyos que llegan como caídos del cielo, sin más esfuerzo que compartir una ración de pulpo á feira y otra de empanada de liscos. Y, además, siempre hay quien nos diga que el voto emigrante es básico para los lazos con América, como acaba de hacer el Nobel Pérez Esquivel, que va a votar en Poio, aunque quizás no sepa ni decir cuántas candidaturas se presentan en este municipio. Así que estamos como antaño. Con el mismo dilema. Y en esto, aparece José Blanco y hace una propuesta razonable, pero como ya sabemos que es la reencarnación de Satanás, pues la descartamos, como ha hecho el presidente Touriño. Y con este panorama, y a medida que se aproxima el 27 de mayo, uno se pregunta: ¿para qué voy a votar yo, que vivo aquí, estoy censado aquí y pago mis impuestos aquí, si mi alcalde me lo van a elegir unos señores que están en Perito Moreno, que no han puesto un pie en su vida en Galicia y que lo único que saben de nosotros es que nos pasamos el día comiendo morriña y bailando muiñeiras?