El problema está en el fondo

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

LA DEMOCRACIA es un cóctel equilibrado de responsabilidad y libertad. Y por eso se hace tan necesario afirmar que los Gobiernos tienen plena capacidad y legitimidad de decisión en los temas de su competencia, como recordarle al votante que las decisiones de sus Gobiernos crean compromisos sociales y obligaciones económicas irrenunciables, y que de nada vale arrepentirse y llamarse a andanas cuando, una vez terminada la fiesta inaugural, empiezan a amontonarse las exigencias del fisco. En el debate abierto sobre la autopista A-53, que va a ser de peaje en el tramo popular (Santiago-Lalín), y completamente de balde en el tramo social-nacionalista (Lalín-Barbantiño), tiene mucha razón Pérez Touriño cuando se niega a invertir un duro para rescatar el peaje creado por el Gobierno legítimo que presidía Fraga. Porque no sólo es difícil pagar al contado lo que se construyó con hipotecas, sino que resulta muy conveniente enseñarles a los ciudadanos el sentido real de aquellas paveras decisiones que convirtieron en altamente prioritaria la autovía a Lalín, o que consideraron «cousas do presidente» la gran arroutada -la más cara de nuestra historia- que plantó en el monte Gaiás un mausoleo de vanidades que los socialistas quieren ver transformado en gran proyecto de Estado. Hay que decir, sin embargo, que el debate sobre los peajes nunca es muy importante, ya que, lejos de decidir si se paga o no se paga un servicio, sólo se decide si lo pagamos entre todos, a escote, o se recarga un poco más la cuota de los usuarios. Y aquí pierde mucha razón Pérez Touriño, al tener sus silogismos lastrados con el pecado original del peaje de Rande. Porque si allí resolvió la cuestión con demagogia y juegos malabares, a favor de los bien organizados votantes del Morrazo, no está claro por qué no actúa de la misma manera ahora, con un poco de humo y pajas, a favor de la deprimida Galicia central. Pero lo más preocupante es la imagen de país bananero que el PP fomenta con sus propuestas en vaivén -¡yo pongo peajes y tú los quitas!-, y que Touriño acaba de denunciar a propósito del tejemaneje de la AP-53. Porque si no somos capaces de ponernos de acuerdo en estos debates de suma cero que son los peajes y sus oportunistas redenciones, ¿cómo vamos a ser capaces de vertebrar un país preñado de intereses y contradicciones? El avance que experimentaron nuestras vías de comunicación está más relacionado con la época de vacas gordas que vivimos que con la racionalidad de las inversiones y la existencia de acuerdos de largo plazo. Y por eso conviene recordar -para que se dejen de monsergas y gobiernen- que al final de las vacas gordas siempre vienen las vacas flacas.