¿Subirle el sueldo a la novia...

| JUAN GÓMEZ-JURADO |

OPINIÓN

18 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

¿ SEÑOR Wolfowitz? Sinceramente, le entiendo. ¡La vida es tan tremendamente cara en Washington! A las pruebas me remito: hace poco le vimos a usted entrar en una mezquita en Turquía con sendos tomates en los calcetines. Yo la primera vez que fui a Washington también andaba corto de dinero y tuve que comer en un McDonalds. Mejor dicho, lo intenté, porque no lo encontré. No porque no haya, hay muchos. El problema es que en Washington no se pueden colocar letreros estridentes en los comercios. Por eso el famoso logo de los arcos está grabado en mármol y pasa desapercibido. Es el estilo gubernamental , y tiene que ver mucho con la corrección política. La misma que no tuvo el presidente Bush cuando eligió a un neoconservador como usted para ocupar uno de los cargos que, definitivamente, tendría que ocupar alguien menos beligerante. Alguien que no apoyase públicamente la invasión de Irak, por ejemplo. Como rama de las Naciones Unidas que es el Banco Mundial, semejantes pronunciamientos sólo echan leña al fuego de esa vieja -y falsa- controversia de que la ONU es una ramera que salta tan alto como ordena el inquilino del Despacho Oval. Por eso le entiendo, señor Wolfowitz. Entiendo cómo lo lamenta. Quiero decir, que le hayan pillado. Porque esos 61.000 dólares anuales con los que aumentó el sueldo a su pareja sentimental le hubieran venido de perlas. Claro que también le habrían venido estupendamente a algún pueblo del cuerno de África, ya que con ese dinero se podrían salvar unas 20.373 vidas al año en vacunas contra la malaria, pero ¿a quién le importa? Tal vez a alguno de esos países a los que les ha aconsejado en repetidas ocasiones «apretarse el cinturón», pero no es como si esa gente contase. Sólo son imágenes fugaces en un noticiero. Y la vida en Washington es tan tremendamente cara¿