¿No pasó nada?

| LUÍS VENTOSO |

OPINIÓN

HOY muchos resúmenes dirán que todo salió más o menos bien en el derbi gallego. Contarán que hubo algún incidente aislado, pero que en general imperó la normalidad y no pasó casi nada respecto a lo de otros años. ¿Es normal que a doscientos aficionados los tengan que escoltar diez furgonetas de la Policía Nacional debido a que por su trayectoria vandálica su nombre se asocia ya a violencia? ¿Se imaginan a la gente que va al teatro quemando sus butacas, como hicieron ayer varios túzaros en el estadio? ¿Es soportable la cantidad de insultos gruesísimos que nos intercambiamos en las gradas siendo todos gallegos? ¿Se puede mirar para otra parte cuando a un empleado de TVG le abrieron la cabeza con un objeto? Vizcaínos y donostiarras se sientan juntos y confraternizan en sus derbis, como debe ser. La mayoría de los vigueses y coruñeses están hartos de que se instrumentalice el nombre de sus ciudades para unas ceremonias de rivalidad más bien ficticia y rancia, que no tienen nada que ver con la realidad de las fluidas relaciones de todo tipo que se dan a diario entre las dos urbes cruciales de Galicia. Coruñeses y vigueses están muy por encima del sórdido espectáculo del insulto y la pedrada. Y aunque muchos aún no lo crean, empieza a haber una mayoría silenciosa muy saturada de la bula del entorno del fútbol.