La pantera rosa

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ | O |

11 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

ASÍ le bautizó Iñaki Sáez, que lo puso en el once del Las Palmas y de la roja. Juan Carlos, rey, también le han llamado. Hablo de Valerón, un jugador por encima de colores, de derbis. El talento impasible o imposible. Es momento para animarle con su rodilla recosida por tercera vez. Hay que devolverle en palabras lo que nos dio sobre el tapete de los sueños. Valerón es una máquina de dar pases. Tan dibujo animado como Romario (Valdano dijo), pero unos metros más atrás. Aunque antes de su lesión definitiva, el canario hasta goleaba. En el Atlético le echaron la culpa de todo y le acusaron de ser un pecho frío. Mentira. Estamos ante un ser humano de un corazón enorme y sano, que siempre dio la cara. Le gusta tocar la guitarra. Quiere volver a su Arguineguín y dedicarse a la escuela de fútbol que tiene allá. Es gran amigo, hermano casi, de Manuel Pablo, otro infortunado. Disfrutan con la Play y con el buen rollo. No son carne de esa farándula absurda que está convirtiendo el juego de la pelota en un circo estúpido. El Flaco formó escoltado por Víctor y Fran una media de ataque que ganó una Liga, asaltó al Bernabéu y conquistó, al fin, Múnich para el fútbol español. Casi al tiempo que Mostovoi, Karpin y Revivo/Gustavo López hacían maravillas en el Celta. Unos y otros convirtieron a Galicia en el centro del mundo del fútbol. Valerón es hombre de fe, evangelista. Y no ahorra sonrisas. Tras Las Palmas, se fue al Mallorca. Después al Pupas, para olvidar, y Dépor, para recordar siempre. Pero lo mejor de Valerón está en la memoria del vídeo. Parecía que se iba a caer, pero antes entregaba el cuero por el rincón más oscuro. Era un alfil, zangolotino, abstracto. Mantenía el equilibrio al límite de alguien que se ha bebido un barril de cerveza sin probar ni gota. Le hacía cosquillas a la tapia de cualquier defensa. cesar.casal@lavoz.es