AHORA se han redescubierto (La Voz, 28-3) los dibujos de la Luna realizados por Galileo Galilei y publicados en Venecia en 1610. Todo parece indicar que los hizo observando con su telescopio la superficie lunar. Galileo había construido un año antes su primer telescopio y con él descubrió los cráteres de la Luna, que la Vía Láctea es un conglomerado de estrellas, y avistó, en enero de 1610, los cuatro satélites de Júpiter, que hoy se llaman, en su honor, satélites de Galileo: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto. También observó las manchas solares. Describió estos hallazgos en la obra en la que ahora se dice que aparecen sus dibujos de la Luna: Sidereus nuncius (El mensajero de las estrellas). Todos estos descubrimientos sirvieron para que Galileo se convenciese de la validez de la teoría heliocéntrica de Copérnico, en la cual la Tierra deja de ser el centro del universo (teoría geocéntrica) para convertirse en un planeta que gira alrededor del Sol. Alguien (B. Castelli) le sugirió que, si la teoría heliocéntrica era correcta, Venus debería tener fases como la Luna. Galileo consiguió observarlas y comunicó su descubrimiento con una de las frases más bellas de la historia de la ciencia: «La madre del amor imita las figuras de Cintia» (Cynthiae figuras aemulatur mater amorum). Es decir, Venus (la diosa del amor) tiene fases como la Luna. Por mostrarse partidario de la teoría heliocéntrica, Galileo tuvo serios problemas con la Inquisición, porque, en aquella época, la Iglesia mandaba sobre todo lo divino y lo humano e imponía sus normas por las buenas o por las malas, quemando en la hoguera a todo ser humano, científico o no, que se descarriase. Sorprende hoy saber que el 72% de los científicos americanos de prestigio se declaran ateos y también lo hacen el 73% de los británicos encuadrados en la Royal Society (Muy Interesante , abril del 2007).