Semana para ver y pensar

OPINIÓN

31 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

SEMANA Santa. Vacaciones en el norte de la provincia de Lugo. Máxima ocupación hotelera en torno a las procesiones de Viveiro. Espectáculo que conforman grupos escultórico caminando entre las calles de uno de los cascos históricos más hermosos de Galicia. Fervor religioso y tradición puesta en escena para deleite de los visitantes a una comarca mágica por naturaleza. Pero el visitante que nos recuerda hace un año se sorprende con el espectáculo de las grúas y los esqueletos de ladrillo que ocupan la costa más al norte de la península. En doce meses se han multiplicado los edificios, los precios de las viviendas y los carteles que anuncian promociones de apartamentos. Si preguntan qué está pasando, la respuesta se resume en «compran todo sin importar el precio¿». Al ojear los periódicos, tufillo de elecciones municipales. Y en medio de las candidaturas, nuevas y viejas, la polémica de las licencias para la construcción, con denuncias y advertencias del poder autonómico sobre la conducta de alcaldes, sin que los aspirantes al cambio del poder tengan un discurso nítido sobre lo que se debe y no se debe consentir en materia de urbanismo en un territorio como A Mariña, entre otras razones por estar todos «pillados en alguna parte». En Cervo, además de la denuncia correspondiente por licencias, la playa del Torno, buque insignia de la oferta turística del territorio, está destrozada por las mareas que han sufrido el impacto de unas obras sin el correspondiente informe, o saltándoselo a la torera para hacer un espigón de muelle que casi nadie utiliza, al haber desaparecido la flota pesquera del puerto de San Ciprián. La pérdida de una playa es una agresión, y puede que un delito medio ambiental. Pero nadie se responsabiliza del desastre, salvo que la mar siga trabajando y termine por derribar el paseo marítimo y alguna de las viviendas del Coto. Me acerco al espigón y descubro que se está partiendo en dos por la mar y que fue inaugurado por un alcalde y un vicepresidente del Gobierno de Galicia. El primero, nos regala su renuncia a las elecciones. El segundo, no ha vuelto por el pueblo para comprobar las consecuencias de su ignorancia. Si fuéramos más nacionalistas, llegaríamos a la conclusión de que la naturaleza es nuestro patrimonio y nuestra identidad. Deberíamos no perder lo que somos y tenemos. En cualquier caso, disfruten del espectáculo.