¿Crecimiento sólido y duradero?

ALBINO PRADA BLANCO

OPINIÓN

24 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

DEL CRECIMIENTO económico no basta comprobar que sea abundante en su cantidad y calidad, también es muy necesario que sea sólido, duradero; que en el crecimiento de la riqueza de este año tengamos la semilla de más crecimiento a medio plazo. Algunos observadores del espectacular crecimiento de la economía española dudan de su solidez, pero ¿cómo medir si esto es o no así? Naciones Unidas, en un informe del año 2001, estimó para buena parte de los países un Índice de Adelanto Tecnológico que permitiera ordenar las economías nacionales según su músculo competitivo para el futuro inmediato. Ese músculo es mayor cuanto mayor sea su actual creación de tecnología, la difusión de las innovaciones en su entramado social y empresarial, y el nivel de conocimientos especializados que tenga su población. A comienzos de esta década, los líderes europeos -y mundiales- eran Finlandia o Suecia..., mientras que España se situaba en un 64% del músculo tecnológico de aquéllos, bastante más lejos que en riqueza, donde llegábamos al 78%. Y para esos países parece ser un índice solvente de crecimiento futuro, porque cinco años más tarde -en el 2006- crecieron aún más que España. Un aspecto de los conocimientos de la población favorecedor de un crecimiento sólido suele pasar desapercibido; porque no se refiere ni a lo universitario, ni, tampoco, a la muy importante formación profesional reglada. Se trata de la formación continua que reciben los ocupados para actualizar y mejorar sus capacidades y habilidades. En el 2003, mientras en Suecia recibían anualmente esta formación un 40% de sus ocupados, los datos para España nos situaban en un 10%. Por lo que se refiere a la difusión de las innovaciones más recientes (las relacionadas con las telecomunicaciones, la informática e Internet) contamos con un informe internacional para el año 2006 sobre la sociedad de la información en España. Se valora el entorno instrumental (redes, inversión, patentes) en esta área, la disponibilidad de estas tecnologías para ciudadanos y empresas y, finalmente, el nivel de uso que se hace de éstas. De nuevo los líderes -ahora en el 2006- son Finlandia y Suecia... y de nuevo España se sitúa en un 61% del nivel de esos países. No parece que en lo que llevamos de esta década la sociedad y economía española hayan aprovechado la época de vacas gordas (inmobiliarias, de consumo, ya menos turísticas, etcétera) para reducir estas brechas competitivas con vistas al futuro, tal como reconoce la Oficina Económica del presidente del Gobierno en su último informe anual de octubre del 2006. Quizás el declive de nuestra balanza comercial no sea más que un presagio de la semilla que no estamos plantando; de la brecha que no estamos acortando con los países que son -esos sí- líderes del crecimiento que llamamos sólido, con futuro.