Esperando a ETA

OPINIÓN

HACE un año que yo tuve una ilusión. Lo dice la letra de una vieja canción latina. Lo experimentamos las víctimas vivas del terrorismo vasco. Lo desean muchos ciudadanos y, de manera especial, los que residen en Euskadi. El comunicado de hace un año abrió la esperanza. Los sucesos del proceso fueron cerrando puertas y ventanas de aquel amanecer al final de un agujero lleno de miedos, violencia y frustraciones. El comunicado que se espera y sobre el que el primer partido de la oposición se ha puesto el parche de precios e indignidades, sigue siendo un sueño. Queremos la disolución de ETA. Queremos que dejen de ordenar asesinatos. Queremos que dejen de impartir doctrina política bajo amenaza. Queremos que renuncien a ser la voz del pueblo vasco que aspira a Euskadi-nación-Estado. Estuve doce años con escoltas. Renunciando al derecho fundamental de la libertad. Soportando el peligro de sufrir atentados por defender mis ideas y participar en política en el bando constitucionalista. Me condenaron a muerte por ejercer como ciudadano español y ser dirigente político -ni del PP, ni del PSOE- de Unidad Alavesa, que entre otras «hazañas» derrotó al nacionalismo en Álava y contribuyó a que los gobiernos alaveses fueran la frontera al nacionalismo. Estuve diez años en la Mesa de Ajuria Enea y en cabeza de todas las manifestaciones y concentraciones callejeras contra la barbarie y por la dignidad. Sé lo suficiente del problema vasco como para afirmar que tiene unas profundas raíces culturales con ramificaciones religiosas, pero que, en cualquier caso, no se arregla por las malas. Son demasiados para meterlos a todos en las cárceles. Soy una víctima viva del conflicto, como tantos otros. Tenemos tanto derecho como las asociaciones de víctimas del terrorismo a manifestar nuestra opinión y exigir una salida inteligente del agujero. Tengo esperanza desde el momento en que por vez primera tras el asesinato de Pertur hay líderes en la izquierda aberzale dispuestos a disputarle a ETA la manija del rumbo fuera de la violencia como instrumento político. Me pareció inteligente no dejar morir a De Juana. Me parece inteligente no encarcelar a Otegi. No se puede encarcelar al Adams español (perdón, vasco). Me parece miserable agitar a los radicales, zaheridos y partidarios del ojo por ojo para hacer oposición con la vista puesta en las encuestas electorales.