LA ENCUESTA llevada a cabo por D3 Systems para la BBC, ABC News, ARD televisión alemana y USA Today a 2.212 personas en más de 450 barrios y pueblos de las 18 provincias de Irak entre el 25 de febrero y el 5 de marzo del 2007, con un margen de error del 2,5%, es clarificadora. Frente al 35% de los encuestados que en el 2004 consideraban que estaban mejor que antes de la invasión, en el 2007 el porcentaje se redujo al 10%. Si en el 2004 un 40% de la población se sentía segura en su barrio, y en el 2005 se llegaba al 63%, hoy la cifra no supera el 26%. Los 650.000 iraquíes, los 3.218 soldados norteamericanos y los 114 soldados de la coalición -entre ellos 11 españoles- muertos desde el 2003, y los cientos de miles de heridos, explican estos resultados. Y si la percepción sobre la seguridad es absolutamente descorazonadora, los datos reales sobre el eslabón más débil, el futuro del país, es decir, la infancia iraquí, ponen los pelos de punta. Según la OMS y la UNICEF, la mitad de los casi 29 millones de iraquíes tienen menos de 18 años y presentan una de las peores condiciones de salud, nutrición y educación desde hace décadas. Si en 1990 morían 50 niños por cada mil, en el 2005 fueron 150 por mil, más que en 1970, cuando alcanzaron los 127 por mil. El 70% de estas muertes, derivadas de enfermedades respiratorias y diarreicas, hubieran sido fácilmente evitables si los medicamentos hubiesen llegado a los hospitales. Uno de cada cuatro niños sufre de malnutrición crónica, y la escolarización sólo alcanza al 80% en primaria y el 50% en secundaria. El asesor nacional en Salud Mental de Irak, Mohamed el Aboudi, indicó que, en un estudio realizado con un muestreo de unos 10.000 alumnos de la sección Shaab del norte de Bagdad, todavía no finalizado, se determinó que el 70% de los estudiantes presentan trastornos mentales derivados del sufrimiento durante y después de la invasión. Trastornos que apenas sí pueden ser tratados porque, de los 200 psiquiatras que había en el 2003, unos 140 han huido o han sido asesinados. Ante un panorama tan desolador, no es extraño que el pesimismo se haya adueñado de una población que el 20 de marzo tendría que haber conmemorado con cuatro velas negras, una por cada año transcurrido desde la invasión, la suerte que les ha tocado vivir una vez libres de Sadam.