Sensibilidad desigual

| UXÍO LABARTA |

OPINIÓN

DOS HECHOS de actualidad ilustran las diferencias con que esta sociedad, también los medios de comunicación, manifiestan su sensibilidad. Por una parte, las muertes, coincidentes en el tiempo, de bebés prematuros en una unidad de cuidados intensivos pediátrica. Por otra, las espeluznantes escenas de maltratos en una guardería infantil. Para que la comparación no se enrede en cuestiones políticas, o geográficas, ambos hechos suceden en la Comunidad de Madrid. De uno se sabe por el dolor y el duelo. También por una asociación de defensa del paciente que denuncia la coincidencia de la muerte de tres niños prematuros y pone en manos del fiscal su denuncia. Del otro, por un escabroso reportaje televisivo que se emite al menos dos o tres meses después de ser rodado y, por tanto, de tener evidencias de los hechos. Evidencias comunicadas tanto a la Consejería de Educación madrileña como al Defensor del Menor de dicha comunidad al menos dos meses antes de hacerse público el reportaje, pero que no llegaron a la fiscalía hasta la emisión del programa. Reconozco que entre muerte y maltrato hay un abismo, pero no puedo evitar una reflexión sobre la diferencia en las varas de medir y en lo que se percibe como escándalo. No es fácil entender la inanidad de la Administración en ambos casos. Si bien en las muertes de niños prematuros no es criticable en principio la gestión sanitaria, puesto que ningún hospital está libre de infecciones hospitalarias, sino la rapidez con la que el Gobierno responsable ha pretendido cerrar la investigación. Más grave es la actitud de esa misma Administración ante el maltrato y las deficiencias educativas en una guardería, por escudarse en disculpas de mal pagador para justificar su inhibición. A lo que inevitablemente es necesario añadir el interrogante sobre el comportamiento de ese periodismo de investigación que deja transcurrir tres meses entre su conocimiento de los hechos y la asunción de medidas por parte de la Administración. En ambos casos está la sombra responsable de la Administración y el Gobierno. Frente a ellos, nosotros, que percibimos lo sucedido como si perteneciera a uno de esos programas televisivos que, evidenciando la realidad en toda su crudeza, nos aíslan de ella.