1.440 minutos

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

NO me gusta hablar de la publicidad, que es un gancho. Pero, a veces, acierta de pleno y, entonces, es un gancho directo a la mandíbula que nos ilumina del golpe. Sucede en un anuncio de estos días en los que un hombre abre su puerta y se encuentra 1.440 euros. Y así cada mañana, al empezar el día. La moraleja está clara. ¿Qué haríamos si nos sucediese ese milagro? ¿Aprovecharíamos al máximo cada euro de esos 1.400? Por supuesto. Pues 1.440 minutos es lo que tiene cada jornada y la mayoría de las veces nos esforzamos por destrozarlos con tonterías, por tirarlos en los trabajos, por despreciarlos con absurdos. No sabemos decir que no. Y así, 1.440 minutos, tras 1.440, dilapidamos nuestra vida. No disfrutamos ni cuesta abajo y con el viento a favor. Está la frase famosa. La vida no consiste en hacer planes sobre lo que harás más adelante. La vida es lo que te sucede mientras haces esos planes que no te llevan a ningún lado. Hay que actuar. Lo más importante que tenemos es a nosotros mismos. Lo demás puede esperar. Tenemos que ser protagonistas de nuestra película o lo que sucederá es que la disfrutarán otros mientras nos convertimos en tristes secundarios sin una mala frase en nuestra existencia. Seremos un título de crédito más como la hipoteca o terminar de pagar las cuotas del coche. Y crédito a crédito, claro, nos quedamos sin crédito y no reconocemos al tipo que éramos en el espejo. Los niños lo tienen claro. Me encantan cuando te dicen que, de mayor, quieren ser médico y veterinario, todo. Tenemos esos 1.440 minutos, 60 cada hora de las 24 de un día. Si borras el sueño, las necesidades elementales y las obligaciones, poco queda para hacer realidad nuestros deseos. No dejemos que esos escasos minutos, la moneda más importante que tenemos, sean los minutos de la basura. El futuro es el presente.